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jueves, 12 de febrero de 2026

Guerrillas monárquicas en el norte de Antioquia


Hoy, 12 de febrero de 2026, se conmemoran 206 años del combate de Chorros Blancos (1820), enfrentamiento decisivo en el que las fuerzas republicanas derrotaron al ejército realista español del Regimiento de León, comandado por Francisco Warleta.

Esta victoria selló la pérdida definitiva de Antioquia para la monarquía hispánica y tuvo un impacto estratégico mayor: rompió la línea de apoyo realista que conectaba los bastiones de Cartagena de Indias, Santa Marta, La Habana y Panamá con los territorios del sur como Popayán, Cauca, Quito y el Virreinato del Perú.

Chorros Blancos, además de un combate regional, fue un golpe estratégico que aisló al poder monárquico en el norte andino y aceleró el desenlace de la independencia en el sur del continente. Para ello, dejo un extracto del libro Hasta los gallinazos tienen rey, en el que, además de retratar los dramáticos hechos, evidencia la existencia de reductos monarquistas que resistieron el embate revolucionario.


Guerrillas monárquicas en el norte de Antioquia

Una de los más importantes grupos contrarrevolucionarios creados para enfrentar los ejércitos bolivarianos tuvo su origen entre las actuales Yarumal y Santa Rosa de Osos. Esta guerrilla realista estuvo pertrechada, sostenida y liderada por algunas familias importantes como los Zuláibar y Barrientos, unidas a su vez por sociedades de negocios –minería y comercio– y otros vínculos más fuertes como la unión de sus clanes por medio del matrimonio católico.

José María Zuláibar y Aldape había mostrado desde inicios de la revolución su fidelidad hacia el monarca español. Fue uno de los principales opositores de la constitución de 1813, la más radical que dictó la independencia absoluta de España. Por ello, realizó esfuerzos para revertir el avance del gobierno republicano y procurar la restauración.

Como buen vasco era defensor de los pactos –fueros– y privilegios que había mantenido el Señorío de Vizcaya con la monarquía castellana, en una época en dónde los conceptos de patria, nación y estado tenían un sentido diferente, propio de las sociedades premodernas. Su defensa estaba orientada a preservar los vínculos con su patria, su cultura y tradición, salvaguardados por la unión entre los reinos, condados y provincias que formaban la nación española, ahora amenazados por la ocupación francesa, la abdicación de su rey en manos de un extranjero y la sublevación de los territorios de ultramar. De ahí que como muchos realistas anheló la expulsión del invasor francés, la derrota del tirano Napoleón, el retorno de Fernando VII y la vuelta de la armonía entre los españoles americanos y su metrópoli. Esta toma de partido por la restauración lo llevó a ser perseguido, puesto en prisión y amenazado con el embargo, destierro o pena de muerte.

Los fuertes vínculos parentales y comerciales que Zuláibar tenía con las élites de la provincia, ayudaron a permutar su estadía en prisión por el destierro. Hecho que supo afrontar con valentía y no declinó sus esfuerzos para restaurar el régimen borbónico. Esto se desprende de la declaración del Dr. Alberto María de la Calle, en el proceso contra sus sobrinos José Miguel de la Calle y José Manuel Restrepo. En él se menciona los esfuerzos de Zuláibar por facilitar el avance de Sámano, acometido en el que según el Dr. De la Calle también participó su sobrino Miguel. En particular decía:

Este no ha emigrado: está en la parroquia de Arma, jurisdicción de la ciudad de Antioquia, donde me dicen ha jurado al Rey, y aguarda a que se hagan las presentaciones en Antioquia para ir a verificarlo allá. A este sujeto lo eligieron de Presidente pero a los pocos días lo depusieron porque según decían era muy bueno, y en realidad lo es, de suerte que no sé si deberá contarse entre los Patriotas o más bien entre los Realistas; lo cierto es que cuando lo depusieron tenía mucha amistad con D. José Ma. Zuláibar, que era el principal entre los desterrados; y yo he maliciado, aunque en esto han guardado mucho secreto, que el dicho D. Miguel era cómplice en el delito que le achacaban a Zuláibar, que parece que era el de entregar la Provincia a las tropas del Rey mandadas por D. Juan Sámano cuando éste entró a Popayán.

El exilio de José María finalizó en 1816 cuando entraron victoriosas las fuerzas del comandante Warleta, siendo bien recibidas y acogidas por los vecinos de las principales villas y ciudades antioqueñas. Sin embargo, la revolución aún no había sido neutralizada, pues los jefes insurrectos, ya en el exilio, hicieron enormes esfuerzos logísticos, propagandísticos y crediticios para armar un ejército libertador contratando en el extranjero armas, municiones, vituallas y brazos para la guerra.

Antes de Chorros Blancos
Las expediciones comenzaron a llegar a finales de 1818 e inicios del año 19. Eran mercenarios extranjeros bien armados y apertrechados, reforzados con las levas que forzadamente fueron reclutadas en las selvas venezolanas. Esta fuerza era capaz de ofrecer combate a las veteranas tropas del rey e incluso propiciar golpes decisivos como el ocurrido en Paya, Tópaga, Pantano de Vargas y Boyacá. Esta última derrota, la del coronel Barreiro, acrecentó nuevamente el temor al exilio y persecución de la familia Zuláibar y otras adeptas a la monarquía y la idea de Imperio. De ahí que se movilizaron para defender la sociedad de Antiguo Régimen, la unión española y la causa del rey.

Julián, el mayor de los Zuláibar, fue el primero en tomar las armas cuando junto a su primo Manuel Santamaría Isaza, en agosto de 1819, marchó en una comisión que se dirigió a la villa de Marinilla, donde se tenían sospechas de un conato de rebelión. Entre tanto, en el norte de Antioquia se produjeron los primeros levantamientos de civiles armados apoyados por José María Zuláibar y otras familias realistas.

A fines de agosto y principio de septiembre el ejército patriota comandado por el general Córdova entró a la provincia y en poco tiempo sometió las ciudades y villas más importantes: Marinilla, Rionegro, Medellín y la capital Santafé. Por tal razón las guerrillas realistas se concentraron en la periferia norte –actuales norte, Nordeste y Bajo Cauca–. Estos movimientos fueron apoyados desde Cartagena por el Magdalena y Bajo Cauca. Por ejemplo en Mompox, según confirma Restrepo, el oficial español Ignacio de Larruz, con una fuerza de 500 hombres, la mayoría veteranos del ejército español, se encontraba listo para entrar a la provincia cuando las circunstancias lo exigieran. También por las mismas fechas, principios de octubre, el corregidor de Magangué, de apellido Arias, ocupó Zaragoza con una partida de 50 individuos alzados en armas.

Después de Chorros Blancos
Entre tanto, las milicias dirigidas por los Zuláibar y Barrientos, tal y como lo informó el gobernador Restrepo, ocuparon Cáceres a principios de 1820. Así entre Zaragoza y Cáceres se estaban organizando movimientos realistas para frenar las tropas bolivarianas. Estos civiles armados estaban dispuestos a unir fuerza con los comandantes del ejército real Warleta y Tolrá, que para el 10 de enero habían ocupado Remedios, en el nordeste de Antioquia y el día 5 entraron a Yarumal. Este último suceso llamó la atención de Restrepo por la cercanía con el valle de Aburra, situación que expresó de la siguiente manera a su amigo Montoya.

Mi querido Pacho: nos tienes otra vez atacados por los españoles, 125 soldados ocuparon el Yarumal el 1° del corriente. Pasaron la montaña muy rápidamente y antes que se les pudiera impedir. El 3 marchó nuestra fuerza que estaba reunida en Barbosa a batirlos. Estamos casi seguros de que así sucederá, pues la tropa es muy buena y hay un grande entusiasmo. Por varias noticias creemos que Warleta traerá como 300 hombres. Sin duda viene confiado en la fuerza que subía por el Magdalena y que fue batida. Si adelanta un paso de Yarumal, esperamos cortarle la retirada y que no escapa uno, y si aguarda le sucederá lo mismo. Córdoba, ya repuesto, ha marchado con Ricaurte al frente de las tropas. Más de 300 voluntarios han salido ya para el Carupo, los que pueden hacer mucho daño en el bosque y así sí es batido el enemigo. La guerra es varia y podemos sufrir un revés, pero tendrán los españoles que trabajar por expelernos de nuestras montañas. Creo que mañana o pasado empezarán a pelear. Desde el 1° nada hemos vuelto a saber de los amigos.

Desde inicios de 1820 una serie de errores lograron erosionar la capacidad militar de las tropas del rey y provocaron su retroceso. Entre las principales estaban: la pérdida de los soldados de Calzada enviados a Zaragoza, la falta de comunicación entre las facciones del rey y la inexistencia de una estrategia conjunta. Los realistas nunca pudieron sumar fuerzas mientras que las huestes revolucionarias se encontraban más fortalecidas y con ventajas estratégicas. Fue bajo este panorama que el 12 de febrero, el batallón de Cazadores de Antioquia, enviado para interceptar la avanzada realista, obtuvo la victoria en Yarumal –Chorros Blancos– al derrotar a los coroneles Francisco Warleta y Carlos Tolrá, culminando con el propósito de conservar el dominio monárquico en todo el occidente del Nuevo Reino.

Pintura de Chorros Blancos
Una vez expulsados los reductos realistas que resistían en el norte, la República comenzó a abrir procesos contra todos sus enemigos políticos. En consecuencia, los Zuláibar y Barrientos, defensores del rey en la provincia, padecieron amenazas y persecución. Sin embargo, sus redes parentales actuaron en su defensa y tendieron canales de protección, pues ante la inminente pérdida del gobierno monárquico, supieron acomodarse al cambio político.

El rionegrero Francisco Montoya fue quien, aprovechando su relación parental con el gobernador Restrepo, solicitó amnistiar a estas familias. Aunque su respuesta fue contundente: “Decido sí merecen consideración. Jamás la tendré con enemigos que pueden degollarme, ni tu empeño es para semejante cosa, pues sabes la firmeza que entonces se requiere”. Finalmente, ante las presiones de Montoya y otras familias, se retractó y consideró la petición de su cuñado:

Atenderé tu recomendación a favor de Jenaro Zuláibar y haré cuanto pueda por su familia. He visto una recomendación del Vicepresidente y cuando hagas uso de ellas se les permitirá volver a su domicilio. Ya están desembargando los bienes y su cuñado Barrientos perderá sólo una multa de 300 pesos, por haberse pasado a Warleta; a otros les ha costado la cabeza.

Cuando llegó el indulto a su familia, el vizcaíno José María se encontraba muerto, seguramente convencido de una futura restauración del sistema monárquico, pues se corrían rumores que vendría una fuerza de reconquista del ejército real –apostado por mar y tierra en Cádiz, Cuba, Popayán, Quito y Perú– apoyados por naciones como Francia y Rusia. Sin embargo, las tropas realistas nunca llegaron y los Estados Unidos, temiendo un plan de la Santa Alianza, se declararon beligerantes ante cualquier intento de restauración de las monarquías europeas en la plataforma continental. Para remate, se supo que, en la propia Península, los regimientos destinados a América se habían amotinado, llevando la anarquía y caos a la metrópoli –sublevación de Rafael de Riego–.


Autor: John Alejandro Ricaurte

Libro: Hasta los gallinazos tienen rey