Antioquia un lugar maravilloso

Antioquia, tierra mágica y generosa ubicada estratégicamente en la esquina nor-occidental suramericana, llena de historias asombrosas y gente admirable.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

EL CAMINO DE AYTÁ/AITA


La palabra "taita" es un término profundamente arraigado entre comunidades indígenas y campesinas de diversas zonas de Antioquia para referirse al padre de familia. Aunque su uso para designar al progenitor está extendido por casi toda América, su origen exacto sigue siendo objeto de debate. Si bien algunos autores sostienen que proviene del quechua, lo cierto es que esta voz aparece de forma independiente en múltiples lenguas nativas. Por ejemplo, los guaraníes la utilizan con el mismo significado, mientras que el pueblo Ingade Aponte, en el departamento colombiano de Nariño, la emplea con una connotación de respeto para designar al padre originario, líder espiritual y protector.
    El fenómeno lingüístico no se limita a Sudamérica; la voz “taita” se escucha en Colombia, México, Venezuela, Perú, Chile y Argentina, compartida por indígenas, mestizos y comunidades rurales para apelar al padre, combinando un sentido de íntimo afecto familiar con el reconocimiento de la autoridad paterna. Curiosamente, este vocablo también existe en lenguas europeas antiguas como el latín, el griego y el vasco, lo que sugiere que podría tratarse de una creación natural, mecánica y universal nacida de la articulación del lenguaje primitivo.
    A finales del siglo XVII, la corona española desplegó una serie de campañas militares con el objetivo de "pacificar" —es decir, someter bajo su dominio y control— a las comunidades nativas del occidente de Antioquia, el Chocó y el Darién. En las crónicas e informes elaborados por los ibéricos durante estas incursiones, destaca una curiosa coincidencia toponímica y cultural en la macrozona: la descripción del río Arquía, al que anteriormente denominaban río Taita; la existencia de un pueblo indígena conocido como los taitaes; y el registro de una ruta bautizada como el camino de Aita.
    Estas expediciones estuvieron bajo el mando de Juan Bueso de Valdés, quien ejercía como alcalde ordinario de Antioquia, juez auxiliador y superintendente de pacificaciones y misiones eclesiásticas. Las motivaciones detrás de este despliegue eran estratégicas y económicas. Por un lado, buscaban contrarrestar la amenaza de los piratas ingleses y franceses que navegaban por el río Atrato. Por el otro, y de manera prioritaria, pretendían doblegar a las tribus rebeldes que se negaban a ceder el control de sus territorios a la Iglesia católica y a la Corona española, con el agravante, a ojos de los europeos, de que estas comunidades mantenían un activo comercio ilegal con las potencias extranjeras.
    La primera de estas expediciones estuvo conformada por apenas dos religiosos, veinte soldados y treinta indígenas cargueros. Sin embargo, las incursiones posteriores aumentaron significativamente tanto en frecuencia como en hombres, prolongándose durante varios años y llegando a movilizar a cerca de 1.800 soldados.
    Durante la campaña lanzada en 1684 con el fin de rescatar a un grupo de españoles y a sus esclavos, quienes se encontraban sitiados por las comunidades rebeldes, se descubrieron tres rutas estratégicas para penetrar el territorio y sorprender a los habitantes originarios. Estos senderos eran conocidos como el camino de Aytá, el de Ervitá y el de Urrao. Las crónicas de los españoles describieron de la siguiente manera estas complejas vías de acceso:

[…] habiendo considerado la parte más conveniente por donde ha de ser la entrada a dichas provincias por haberse remitido a su arbitrio ---- y resolvió que la dicha entrada no sea por el camino ordinario que llaman del Aytá por ser la parte por donde los indios pueden esperarle embarazando dicha entrada y haber en dicho camino algunas poblaciones de dichos indios que pueden servir de embarazo al pronto socorro que se pretende dar a los ochenta hombres sitiados, y para que se les de con la prontitud que se requiere o ---- haga la dicha entrada por el camino de Ervitá por ser el más inmediato a dicho sitio a donde están los dichos ochenta hombres y más breve y sin embarazos de indios ni necesidad de embarcaciones y por cuanto ha muchos años que no se trajina ordena y manda salgan tres hombres baquianos y abran el dicho camino hasta el pie del páramo por ser hasta dicho sitio la parte más serrada y dudosa para seguir el dicho camino y ser de gran inconveniente el andar dudándolo y extraviándose con tanto cuerpo de gente y los dichos tres hombres baquianos vayan a la orden de Pablo Ordóñez soldado de mi compañía los cuales abran luego y déjeles el avío necesario y póngase razón de su salida […]
Las crónicas europeas de la macrozona del occidente de Tierra Firme —que abarca Antioquia, Chocó y Darién— dejaron un registro geográfico excepcional al documentar el río Taita (hoy Arquía), los indios taitaes y el camino de Aita o Aytá. Estas tempranas referencias ibéricas pusieron en evidencia que estas tierras noroccidentales ya albergaban una difundida raíz fonética coincidente con "taita", un vocablo preservado y compartido con un significado idéntico por múltiples y distantes pueblos originarios de América para designar al progenitor, líder o fundador.
    Esta coincidencia toponímica despertó el asombro de los numerosos migrantes vascos que se asentaron en Antioquia desde la época virreinal, quienes notaron una inmediata e intrigante relación con su propia lengua materna. En el enigmático euskera, la palabra aita posee exactamente la misma carga semántica, empleándose para referirse a "padre" o "noble".
    El análisis de este fenómeno cobró rigor etnolingüístico décadas más tarde gracias al misionero y gramático carmelita Ángel Cayo Atienza Bermejo. Nacido en la ciudad navarra de Corella en 1909 y formado en las provincias vascongadas, Atienza formuló una audaz hipótesis surgida de su estrecha convivencia con las comunidades locales en Colombia. Tras publicar en 1936 la primera gramática sistemática de la región, titulada El idioma katío (Ensayo gramatical), este religioso vasco-navarro propuso formalmente la existencia de sorprendentes paralelismos fonéticos, estructurales y léxicos entre la lengua vasca y el habla de la etnia catía, perteneciente a la familia lingüística Chocó.
    Aunque la lingüística comparada moderna enmarca estas aproximaciones dentro del vascoiberismo —una corriente de ligazones prehistóricas globales difíciles de probar científicamente—, la propuesta adquiere un valor simbólico innegable al tender un puente conceptual exacto entre el aita europeo y el taita americano.
    Más allá del ámbito familiar, la raíz eusquérica aita se eleva hacia el plano de lo mítico y lo fundacional. El vocablo nos transporta directamente a la figura de Aitor, el patriarca y fundador del pueblo vasco. Este mito cobró fuerza gracias al escritor suletino Agustín Chaho (1811–1858) en su célebre obra de 1845, La leyenda de Aitor. Sin embargo, la investigación histórica señala que este relato sobre el "padre de los vascos" se originó debido a una sutil confusión en la traducción entre las variantes dialectales del euskera.
    De acuerdo con los analistas, Chaho adaptó la expresión suletina aitonen semek ("hijos de buenos padres"), pero al transcribirse a otras variedades del euskera, la letra "n" se sustituyó accidentalmente por la "r". Así nació la frase aitoren semek ("hijos de Aitor"), un giro lingüístico que dio origen a la epopeya de este patriarca, cuyos siete hijos fundaron las siete provincias de Euskal Herria. De este modo, tanto en los valles pirenaicos como en las selvas americanas, la partícula aita permanece indisolublemente ligada a la noción del origen, la tierra y la creación.
    Este entramado de coincidencias toponímicas y lingüísticas adquiere una dimensión aún más audaz al contrastarse con la tradición oral de la región. No muy lejos del occidente antioqueño, en el litoral pacífico, pervive el relato de los culimochos, una comunidad que la leyenda local describe como descendiente de navegantes vascos que arribaron a estas costas mucho antes de las carabelas de Colón. Esta fascinante mitología costera resuena con fuerza al registrarse en el interior de Antioquia la histórica existencia de los llamados indios poblancos, comunidades nativas que llamaron la atención de los cronistas por poseer una pigmentación notablemente más clara que la de otros pueblos de la región.
    Si unimos la raíz lingüística aita, el mito de los culimochos y la fisonomía de los poblancos, emerge la provocativa hipótesis de un contacto precolombino temprano. Este escenario dista de ser una fantasía histórica si se traza un paralelo con el norte del continente: está demostrado que los balleneros vascos alcanzaron las costas de Canadá en tiempos remotos, donde el estrecho contacto con los nativos dio origen al pidgin vasco-algonquino. Esta lengua mixta comercial, nacida del intercambio de bienes y saberes, fusionó de manera orgánica el euskera con idiomas locales de la zona de Terranova, dejando huellas profundas y préstamos léxicos que aún sobreviven en la lengua de la tribu micmac.
    La existencia de este idioma mixto entre marinos del Cantábrico y los micmac demuestra que el euskera ya se había hibridado con lenguas americanas en épocas tempranas. De este modo, la presencia de la partícula aita en las selvas de Antioquia y el Chocó podría no ser un simple azar fonético ni un balbuceo universal, sino el último vestigio de aquellos intrépidos navegantes que, al igual que en el norte, sembraron su comercio, su lengua y su linaje en el corazón del Nuevo Mundo.

lunes, 20 de agosto de 2012

VASCOS, TEMPLARIOS, CAUCÁSICOS Y VIKINGOS EN ANTIOQUIA


La presencia del pueblo vasco en Antioquia durante la colonia y la época moderna ha sido ampliamente demostrada y documentada por genealogistas, historiadores, sociólogos, antropólogos y hasta genetistas. La mayoría de los trabajos o estudios realizados por los anteriores hablan de la preeminencia física, cultural, fenotípica y genotípica de los vascos en la población antioqueña, en mayor o menor grado, dependiendo de la época y zona de Antioquia en la que han realizado sus investigaciones.
La explicación la encuentran principalmente en el poblamiento que se dio durante los procesos de conquista y colonización del territorio antioqueño llevado a cabo por los europeos durante más de 300 años, y el aporte en menor escala, pero significativo por cuanto sus obras e impacto, de varios centenares de vascos que migraron en los ya casi 200 años que tiene Antioquia de vida republicana, después de que en 1813 cortara de manera definitiva los vínculos con España y declarara su independencia.

sábado, 11 de agosto de 2012

ACTA DE INDEPENDENCIA DE ANTIOQUIA, 11 DE AGOSTO DE 1813


Nadie ignora los principios, los motivos y derechos que han tenido y presentado a la faz de la Nueva Granada para proclamar su independencia absoluta aquellos pueblos hermanos que se han anticipado entre nosotros a sacudir gloriosamente el yugo de la Monarquía española que hasta allí habían sufrido.[…] Estando pues profundamente convencidos, los unos resueltos y ansiosos por llegar al culmen de su dignidad, y debiendo los otros abandonarse en tal caso a su propia ignominia y a las desgracias que les hayan de seguir, es llegado el día de satisfacer tan santos deseos ya que hasta aquí no han tenido tiempo de hacerlo el Soberano Congreso por todas las Provincias en general, y que esta medida entra oportuna y esencialmente en las críticas circunstancias que han puesto a la República en la necesidad de crearse un libertador a todo trance. Por tanto, el ciudadano Dictador de ella, revestido con ese carácter por la unánime voluntad de la Representación Nacional, en presencia del Soberano Autor de los derechos del hombre y de la justicia de su causa, declara: Que el Estado de Antioquia desconoce por su Rey a Fernando VII, y a toda otra autoridad que no emane inmediatamente del pueblo o sus representantes, rompiendo eternamente la unión política de dependencia con la Metrópoli, y quedando separado para siempre de la Corona y Gobierno de España. […]
Dado en el Palacio del Supremo Gobierno de Antioquia, a once de agosto de mil ochocientos trece.
Juan del Corral, Presidente Dictador.
José María Hortiz, Secretario de Guerra y Hacienda.
José Manuel Restrepo, Secretario de Gracia y justicia.

miércoles, 8 de agosto de 2012

LOS ORÍGENES DEL PUEBLO ANTIOQUEÑO Y SU IDEAL DE LIBERTAD VISTOS A TRAVÉS DE SU PRIMERA ETAPA CONSTITUCIONAL 1811-1816.


La etapa constitucional del pueblo antioqueño forma parte del rudimento de su personalidad histórica, la cual a través de estos ya doscientos años ha sido casi borrada de su memoria, ridiculizada o contada mal.

Lo cierto es que es allí donde podemos encontrar nuestras máximas aspiraciones como pueblo libre, como comunidad histórica que rompió sus vínculos coloniales y se erigió como una república soberana. De igual forma se rompieron los paradigmas de las sociedades del antiguo régimen y se edificó una nueva sociedad basada en principios democráticos, populares y en una serie de valores modernos que nos vinieron de otras latitudes, pero que supimos adaptar a las necesidades y costumbres de nuestro pueblo.
El primer deber después de ese periodo de incertidumbre que vivió todo el imperio hispánico entre 1808 y 1813, en donde había quedado vacante la soberanía emanada del monarca español, por su aprensión y posterior abdicación, fue el proceso de transponer la soberanía del rey a la soberanía popular. En este aspecto, fue muy importante para su efecto la elaboración de un texto constitucional y por ende fundacional del Estado de Antioquia. Nace así a mediados de 1811 el Reglamento de la Constitución Provisional de Antioquia, donde se formuló el proyecto de constitución de Antioquia de forma provisional con división de poderes y autonomía gubernamental.
El 21 de marzo de 1812 en la ciudad de Santiago de Arma de Rionegro se procedió a una reelaboración del texto de 1811, naciendo de esta forma la primera constitución política del Estado de Antioquia, que fue aprobada por el pueblo el 3 de mayo de este mismo año. Fue un hecho sin precedentes para este amplio territorio ubicado en la esquina norte de Suramérica ligado a la corona española por su presencia de alrededor de 300 años, por tanto, sujeto a las formas de organización jurídico-territorial impuestas por los ibéricos.
La constitución promulgada en Antioquia en 1812 logró importantes avances en las formas políticas, jurídicas y administrativas, cimentando la organización política del Estado, las formas de representación y la distribución del poder político. Pero quizás lo más importante fue que marcó el inicio de la etapa constitucional antioqueña y dotó de sentido y de personalidad a la noción de pueblo antioqueño.
La siguiente constitución de 1813 cuestionó la adhesión a la monarquía española, por tanto, la soberanía sobre sus abdicaciones territoriales. Esta particular disposición dio paso al nacimiento de una República libre y soberana con capacidad de autogobierno, pero aún más, dio paso al ritual fundacional de una nación, de una noción de pueblo como unidad histórica, desvinculado del colonialismo europeo y de cualquier otra naturaleza.
La fase legislativa antioqueña evidenció la complejidad del cambio cultural, político y jurídico que se estaba viviendo en toda América a partir de la abdicación de Fernando VII. Fue una constitución que tradujo en sus líneas los anhelos de los antioqueños de alcanzar una patria justa, libre y soberana en sus formas económicas y políticas.
Fue también a partir de 1813 un quiebre radical con la monarquía española que dio paso a una patria libre en el continente americano, invitando a construir la nueva nación a todos los antioqueños que quisieran abrasar los ideales de identidad y representación y asumir los retos que venían para defender y mantener estos ideales.
Han pasado ya dos centenos desde la promulgación de este texto constitucional elaborado por los distintos cabildos de Antioquia, doscientos años de una experiencia política única, inédita, excepcional y sin parangón alguno en la historia de esta mancomunidad histórica que asumió sus anhelos de ser un pueblo libre y soberano.

martes, 7 de agosto de 2012

EL 11 DE AGOSTO DE 1813 EN ANTIOQUIA Y EL NACIMIENTO DE UNA REPÚBLICA LIBRE Y SOBERANA EN EL HEMISFERIO AMERICANO.


Hace 199 años nació el proyecto más ambicioso, insigne y superior al que pudieron haber aspirado los antioqueños desde que se configuró como pueblo histórico. Lamentablemente este proyecto fue truncado en 1816 por un imperio en decadencia como lo fue el imperio hispánico de aquella época, que se aferró a su limitado poder para retener por las armas a una de las provincias más prometedoras económicamente –por su oro– de todo su vasto imperio.
Algo salió mal, pues en 1820 el general de Rionegro José María Córdova con sus batallones antioqueños volvieron a arrebatarle a Antioquia de los leales a Fernando VII en la batalla de Chorros Blancos, sin embargo, no existió la posibilidad de que el joven militar antioqueño y las elites políticas e intelectuales antioqueñas restituyeran la República libre y soberana que en 1813 aspiró a ser Antioquia.
Las razones no son muy claras pero todo el territorio neogranadino y venezolano se habían sometido a un gobierno de experimentados militares –muchos de los cuales eran mercenarios de varias nacionalidades europeas– quienes no sólo comandaban los ejércitos rebeldes sino que regían los destinos de cada una de sus territorios conquistados.
La burocracia peninsular fue sustituida por una burocracia criolla, el comercio ultramarino entre España y las colonias fue cambiado por casa comerciales inglesas, y la soberanía que había sido arrebatada al monarca español recayó en manos ajenas al pueblo que es donde debería haberse depositado.
Por esta razón cuando hablamos del 11 de agosto de 1813 cuando se constituyó la República Libre y Soberana de Antioquia, hablamos de un proyecto que duró apenas 3 años, pues se perdió con el avance de los realistas en 1816, y no fue restituida, ni en 1820, ni en adelante, por cosas que en la historia no son tan fáciles de explicar.
Digamos entonces que esta experiencia libre y soberana de Antioquia fue burlada y llamada despectivamente “Patria Boba”, aún siendo la etapa constitucional más significativa y única de Antioquia y de otras repúblicas como Cartagena, Tunja, Popayán, que formaron un proyecto de federación entre iguales.
De manera que nace el compromiso de todo antioqueño de recordar esta fecha como la más especial en la historia de Antioquia, en la cual obtuvimos nuestro máximo propósito de convertirnos en una República libre y soberana como lo soñaron los antioqueños de aquella época –y aún lo seguimos soñando–, decidiendo de forma definitiva romper con los vínculos históricos y de dependencia que nos ataban a España.

Adjunto un fragmento del acta de Independencia del Estado Libre y Soberano de Antioquia a la cabeza de su presidente dictador Juan del Corral dado el 11 de Agosto de 1813:
“(…) esta medida entra oportuna y esencialmente en las críticas circunstancias que han puesto a la República en la necesidad de crearse un libertador a todo trance. Por tanto, el ciudadano Dictador de ella, revestido con ese carácter por la unánime voluntad de la Representación Nacional, en presencia del Soberano Autor de los derechos del hombre y de la justicia de su causa, declara: Que el Estado de Antioquia desconoce por su Rey a Fernando VII, y a toda otra autoridad que no emane inmediatamente del pueblo o sus representantes, rompiendo eternamente la unión política de dependencia con la Metrópoli, y quedando separado para siempre de la Corona y Gobierno de España. (…)”

Dado en el Palacio del Supremo Gobierno de Antioquia, a once de agosto de mil ochocientos trece.
JUAN DEL CORRAL, Presidente Dictador.
José María Hortiz, Secretario de Guerra y Hacienda.
José Manuel Restrepo, Secretario de Gracia y justicia.

jueves, 2 de agosto de 2012

LA CONSTITUCIÓN DE 1811 COMO AGENTE DEL CAMBIO DE LA SOBERANÍA DEL REY A LA SOBERANÍA POPULAR.

Los antioqueños eran consientes de que su provincia estaba sumida en el más completo abandono y descuido por parte de las autoridades coloniales. Santafé y Madrid eran dos centros del gobierno borbónico muy distantes de Antioquia, que tenían sus agentes y funcionarios en su territorio sólo para captar impuestos y poner leyes inequitativas a sus habitantes.
Impuestos injustos que no eran retribuidos en la provincia y que muchas veces servían para pagar guerras externas, para mantener el aparato burocrático español y la vida cortesana de Madrid.
Con los impuestos a la producción agrícola y las rentas, pero sobre todo con el oro antioqueño, se estaba sosteniendo el modelo de dominación del imperio español. Los antioqueños mantenía una economía en recesión que poco los beneficiaba, era una administración inequitativa e injusta con la provincia.
Por este motivo, los comuneros antioqueños, gentes del común dentro de la que habían campesinos, mineros y comerciantes, lanzaron 1781 una revuelta masiva no contra la soberanía del Rey, sino contra sus funcionarios asentados en Santafé y Madrid, que ahogaban con impuestos el progreso de los habitantes de la provincia de Antioquia.
Esta fue una de las razones por las que desde 1810 se había creado en Antioquia, un proyecto autónomo e independiente de cualquier centro colonial, llámese este Madrid, Santafé o cualquier otro foco de poder fuera de la provincia. La provincia era entonces pensada como un grupo de ciudades libres, entre ellas Santafé de Antioquia, Medellín, Rionegro, Marinilla, Santa Rosa de Osos, Zaragoza, entre muchas otras unidas por lazos históricos o por posición estratégica, en el momento de crear el gran Estado. Incluso, el proyecto de Antioquia como Estado cobijó la posibilidad de tener adscripción territorial con Chocó que dependía y tenía fuertes lazos con Antioquia o con otras provincias más cercanas.
Pero Santafé estaba convencida de mantener su centralidad y controlar el vasto territorio neogranadino, por esta razón había proclamado su Junta de Gobierno como superior a las demás formadas en el Nuevo Reino, -aún siendo las de Cartagena más antiguas y autónomas- amenazando militarmente a aquellas provincias que no se sometieran a su dominio territorial.
De ahí, que Antioquia apoyara el proyecto de federación propuesto por Cartagena, había que federarse entre provincias, pues el peligro no venía sólo del lado de los realistas, sino de aquellas provincias que como Santafé querían someter militarmente a las demás.  Para este propósito empleaban el argumento de que habían gozado de la centralidad política otorgada por los monarcas hispánicos, pero como esta centralidad había desaparecido con la ausencia del Rey, sobre cada provincia recaía la soberanía, por lo tanto, su autonomía y derecho de escoger libremente su forma de gobierno.
Mientras Santafé hacía la guerra a las demás provincias del vecindario, Antioquia se centraba en organizar su propio Estado, evitando una confrontación armada sobre su propio territorio y  conteniendo por medio de la diplomacia a las provincias antioqueñas disidentes, separatistas o con ideas contrarias.
La primera tarea que se dieron las elites dirigentes antioqueñas fue la de dotar el Estado de una constitución, estableciendo la división de poderes. De esta forma nació un texto político denominado el Reglamento de la Constitución Provisional de Antioquia, que fue expedido el 27 de junio de 1811. Que aunque como su nombre lo indica era provisional fue un paso más para dotar al Estado de Antioquia de una constitución y un sistema legislativo que cobijara a todos los habitantes de su territorio.  
Para finales de 1811, se propuso el Reglamento para el funcionamiento de los tribunales de Antioquia, encargado en esta ocasión de la organización de la justicia estatal antioqueña. Quedaba entonces formulado el proyecto de constitución de Antioquia con división de poderes y autonomía gubernamental.
Lo anterior dejó constituido en su forma política, administrativa y jurídica el proyecto de formación Estatal en Antioquia, de manera que se comenzaba a materializar el deseo colectivo de invocar una Patria común. Patria que apelaba a la noción de pueblo antioqueño dotado de una personalidad histórica que se venía empleando en los discursos desde 1810.
Sin duda, esta fue una de las mutaciones que ocasionaron estos acontecimientos políticos, pasando de ser españoles peninsulares y americanos a ser definidos como antioqueños. Si juntamos los dos conceptos el de pueblo histórico y a este le dotamos de un Estado, estaríamos ante un nacimiento exitoso del proyecto de Estado-Nación, puesto que los dos elementos se hallan en concordancia y se han desarrollado de forma consensuada.
Este proyecto de Estado de Antioquia de 1811 fue ratificado en la constitución de 1812 y al siguiente año en la de 1813, la última de las cuales sucedió en 1815, iniciando así la etapa constitucional antioqueña, única en su historia porque fue el intento de los antioqueños de dejar plasmado en un texto político sus aspiraciones como patria libre y su modo particular de gobierno.
Se puede afirmar que fueron una serie de constituciones basadas en principios modernos, pero a su vez basadas en las necesidades y particularidades del pueblo antioqueño. Como muchos se lo esperaban la constitución antioqueña a partir de 1813 en que se declara la independencia absoluta de España estuvo bajo el peligro de la amenaza externa, por esta razón este periodo constitucional desapareció en 1816 con la vuelta al poder de los ejércitos del Rey.    
Después de ello, se instauró un régimen militar neogranadino-venezolano que expulsó a los españoles de los territorios antioqueños y más allá de sus fronteras. De las constituciones antioqueñas se volvió a saber poco o nada, después de tantas buenas intenciones quedó poco. Es por esta razón que durante todo el siglo XIX los antioqueños tuvieron que defender por las armas su proyecto estatal, entrando en una serie de luchas políticas y militares por adquirir privilegios y autonomía para gobernar su propio territorio y llevarlo por el camino de la paz y la prosperidad.  

miércoles, 1 de agosto de 2012

NUEVA CALEDONIA UNA COLONIA ESCOCESA EN LA SELVA DEL DARIÉN

En 1695, el banquero y comerciante escocés William Paterson se encontraba en la isla de Jamaica cuando recibió informes confidenciales de un grupo de marinos y antiguos piratas. Estos hombres le describieron un enclave excepcional en la masa continental suramericana, idóneo para fundar una colonia debido a su deslumbrante belleza, riqueza natural y una ubicación geográfica privilegiada para el comercio transoceánico. Las coordenadas apuntaban directamente a la espléndida y estratégica geografía del golfo de Urabá, en los límites de Antioquia y el Darién, específicamente en un paraje nativo conocido como la antigua Ada, el cual corresponde en la actualidad al corregimiento de Sapzurro.
    Completamente convencido de las bondades y el potencial de esta porción de la América Hispana, Paterson regresó a Europa para diseñar un ambicioso proyecto de colonización que atrajera el respaldo de sus compatriotas. Con el fin de recaudar los ingentes recursos financieros necesarios para la empresa, el promotor vendió con entusiasmo los encantos de esta tierra, haciendo especial énfasis en los mitos sobre sus inmensos yacimientos auríferos y sus inagotables recursos madereros. Gracias a esta agresiva campaña de propaganda, fundó en Edimburgo la Compañía de Escocia Comercializadora de África y las Indias, logrando vender la totalidad de sus acciones entre inversionistas locales y magnates de la ciudad de Londres.
    
La histórica expedición zarpó finalmente el 17 de julio de 1698 desde el puerto de Leith, con rumbo directo a las densas e inexploradas selvas del Darién. A bordo de una flota compuesta por dos naves de transporte pesado y tres buques de guerra fuertemente artillados, viajaban alrededor de mil doscientos colonos escoceses, entre los que se contaban exsoldados, artesanos, médicos y familias enteras en busca de fortuna. Tras una dura travesía atlántica, la expedición desembarcó a finales de octubre en la bahía de la antigua Ada, donde procedieron a descargar sus pertrechos y provisiones, bautizando formalmente al asentamiento como Nueva Caledonia y a su puerto defensivo como Nueva Edimburgo.
    Una vez instalados en el territorio, los colonos comprendieron la necesidad de asegurar su supervivencia y sellaron alianzas militares y comerciales con los caciques de la etnia cuna (Guna Yala). Los nativos, que veían en los recién llegados unos aliados perfectos contra la opresión de la Corona española, prestaron una colaboración vital enseñándoles técnicas de cultivo, caza y rutas de navegación por el golfo de Urabá. Este apoyo indígena transformó el precario campamento inicial en el primer enclave exitoso de lo que Escocia proyectaba como un imperio comercial a gran escala, diseñado para conectar las rutas mercantiles del océano Atlántico con las del Mar del Sur.
    La metrópoli continuó respaldando el proyecto y en agosto del año siguiente despachó desde Escocia dos nuevos navíos cargados con trescientos hombres y un cuantioso volumen de víveres para reforzar las defensas coloniales. Poco después, en el mes de noviembre, arribó una tercera oleada migratoria compuesta por mil doscientos colonos adicionales que viajaban a bordo de cuatro embarcaciones bien provistas. Con estas adiciones, la población de Nueva Caledonia superó rápidamente las dos mil almas, logrando sostenerse económicamente gracias a un flujo constante de barcos de abastecimiento que contrabandeaban mercancías desde colonias insulares caribeñas como Jamaica.
    Sin embargo, este floreciente enclave se erigía desafiante en los bordes de un imperio hostil, pues la Corona española reclamaba la exclusividad absoluta sobre el poblamiento de las Indias Occidentales amparada en las antiguas Bulas Papales. Alarmadas por la presencia británica en una zona tan sensible, las autoridades españolas enviaron en febrero de 1700 un poderoso ejército naval y terrestre encabezado por el gobernador de Cartagena, don Juan Díaz de Pimienta. Tras un cruento asedio militar combinado con brotes de malaria que diezmaron a los defensores, las fuerzas ibéricas lograron someter por completo la plaza fortificada de los escoceses y procedieron a tomarlos como prisioneros.
    
El cautiverio de los colonos activó de inmediato la burocracia colonial; el 29 de abril de 1700, el secretario del Consejo de Indias, Domingo López de Calo Mondragón, despachó una misiva oficial a Jerónimo Francisco de Eguía, Marqués de Narros y presidente de la Casa de la Contratación de Sevilla. En dicha carta, se ordenaba de manera estricta proveer una asistencia humanitaria básica por un valor de dos reales diarios a cada uno de los prisioneros escoceses capturados en el Darién. Con el paso de los meses, la mayoría de estos hombres fueron puestos en libertad bajo juramento y obligados a dispersarse de forma permanente por diversas islas del Caribe y las colonias de Norteamérica.
    A pesar de la evacuación oficial, la tradición oral sugiere que algunos colonos rezagados se negaron a abandonar las selvas de Urabá y terminaron siendo adoptados e integrados por las familias de las comunidades cunas. Aunque de la presencia escocesa formal nunca se volvió a hablar en los registros oficiales, el golfo de Urabá continuó siendo durante el siglo XVIII el escenario predilecto de cruentas incursiones perpetradas por piratas y corsarios de renombre mundial como Mainswet, Morgan y Long. De igual forma, los comerciantes franceses lograron establecer un fructífero contrabando con los nativos locales, pero ningún proyecto europeo posterior fue tan osado ni ambicioso como el del capitán Paterson en el indómito Darién.

martes, 31 de julio de 2012

TEORÍAS SOBRE EL ORIGEN DEL NOMBRE ANTIOQUIA

Referencias al nombre de Antioquia se pueden encontrar en distintos lugares del mundo y escritas con varias grafías: Antiochia, Antioch, Atocha, Antiokia, Antioquia, Antioquía, Antiochia, Antiocheia, Antiochea, Antiokheia, entre otros. 

La región más antigua que se conoce con este nombre es la actual provincia Turca fundada por la dinastía helénica, en particular, tomada de sus gobernantes Antioko I, II y III. Los actuales turcos llamaron a esta región Antakya y los griegos la llamaron Αντιόχεια.

Pero ¿por qué ponerle el nombre Antioquia a un lugar en el equinoccio americano, sitios tan separados el uno del otro y sin ninguna aparente relación? Para responder a esta pregunta, primero habría que reconocer que muy pocas cosas suceden sin estar conectadas o vinculadas, por lo cual el nombre de Antioquia tiene correspondencia con una tradición que nos viene de España, siendo los españoles los que oficialmente aparecen como los autores del nombre.

Sin embargo, a continuación intentaremos nombrar las diferentes teorías que el nombre de Antioquia ha tenido a lo largo de su historia, comenzando con la más lógica, razonable y aceptada, la que demuestra que esta denominación fue producto de la mentalidad católica implantada por los españoles en el Nuevo Mundo, hasta explicar algunas de las más fantásticas historias que este nombre ha inspirado.

La ciudad de Antioquia fue fundada por el Mariscal Jorge Robledo, un hidalgo andaluz enrolado en las huestes de conquista y coloniazacion españolas que penetraron Suramérica hasta su corazón en el Perú. Robledo fundó en las tierras de los ebéjicos, situado al sur de la población de peque, el 4 de diciembre de 1541, la ciudad de Santa Fe de Antiochia.

Como se puede observar, los europeos de aquella época tenían un especial arraigo en el catolicismo y participaron en la propagación de la Fe en toda la orbis terrarum; por ello, cada fundación tenía un especial ritual de consagrarla a la advocación mariana o santo patrono al cual eran fieles sus fundadores. Del mismo modo, el nombre de Antioquia pudo haber sido empleado por la tradición de bautizar las tierras donde se establecieron en América empleando el santoral, o para mejor decir, las efemérides de los santos y vírgenes del día en que se quería bautizar el lugar.

En nuestro caso se trataría de la virgen de Atocha o Antiochia, que entró a la Península ibérica a través de los primeros cristianos, de la cual aún se conserva la figura o imagen de origen bizantino que ha sido muy venerada desde su entrada a Europa. Esto nos indica que el mariscal Robledo o alguno de sus acompañantes eran devotos seguidores de esta advocación mariana.

Por otro lado, Antiokia en Turkia fue la cuna del cristianismo y donde nacieron los primeros Papas de la civilización cristiana, los que expandieron esta creencia por el Viejo Continente. De manera que no es difícil deducir que la razón del nombre de Antioquia a las tierras de Nutabes, Katios y Ebejicos, entre otros, fue producto de la mentalidad católica de los españoles y su devoción hacia la cuna de la cristiandad y sus representantes católicos, como papas, mártires y vírgenes de aquella procedencia.

Parafraseando al intelectual antioqueño Luis López de Mesa indicó que los antiguos fundadores de pueblos españoles le habían colocado este nombre a la región andina porque creían que, así como los primeros cristianos salieron de la Antioquía turca para expandir el cristianismo entre los paganos greco-romanos, desde la nueva Antioquia, la americana, se propagaría la nueva Fe por todo el Nuevo Mundo. 

Existen también otras teorías que no son del todo desdeñables y que es bueno conocerlas pues han suscitado algún interés en determinada época, que pasan desde historias fantásticas a otras más moderadas. La primera de estas es sobre que el nombre de Antiokia se debe a una palabra autóctona o un topónimo que se encontraba en esta zona, que era también uno de los sistemas empleados por los europeos para refundar ciudades, villas y sitios sobre poblados indígenas que ya estaban consolidados. 

Una de aquellas teorías nos habla de la presencia de europeos que arribaron a América antes de Cristóbal Colón, quienes venían en busca de oro y plata, por ejemplo entre ellos se han dilucidado teorías sobre la llegada al continente de templarios, quienes habrían venido con armenios y caucásicos. Vale la pena mencionar que en la región son topónimos reconocidos como netamente precolombinos (antes de la llegada de los españoles) las voces de: Caucasia, Cauca, Armenia y Antioquia, entre otros.

También se cuenta con la teoría que relaciona a Antioquia con los vascos, tanto la hipótesis expuesta por don Tulio Ospina que hablaba sobre los orígenes de los habitantes indígenas de Antioquia. Afirmaba este intelectual antioqueño que para el momento en que llegaron los españoles al territorio, se encontraba poblado por los llamados por él “alófilos”, cuya terminología se emplea para designar como “de otro lado”. Según esta teoría los vascos tenían especial conexión con este grupo en Antioquia, quizás en referencia a que el euskera ha sido considerado como una lengua alófila, es decir, aislada y por lo tanto sus habitantes se consideren de igual condición.

Pero la versión vasca cuenta con más credibilidad no en la teoría de Ospina, sino en el hecho de que entre los primeros inmigrantes europeos que se establecieron en territorio actual antioqueño, habían un número bastante grande de “vizcaínos” o vascos contratados por ser hábiles navegantes, muy trabajadores y arrojados militares. Fueron estos vizcaínos los que fundaron ciudades como Santamaría la Antigua del Darién, San Sebastián de Uraba, Vitoria y Remedios, quizás entre ellas se encontraba los fundadores de Antioquia. La relación nos llega por medio de la voz vasca “antzokia” que aunque literalmente hoy traduce “teatro”, puede tener alguna semejanza o etimología de origen vasco.

A su vez, la relación vasca también nos llega por medio de uno de los vascos universales Iñigo Loyolako, más conocido como San Ignacio de Loyola, quien cambio su nombre euskaro Iñigo, por el latino Ignacio o Ignatius, en honor a san Ignacio de Antioquia, uno de los primeros mártires del catolicismo romano. Por ello, es posible que la vos Antiochia, Antioquia o Antiokia estuviera muy ligada dentro de este colectivo.

Lo que sí es seguro es que se encuentran en el resto de la Península ibérica referencias al nombre de Antioquia, por ejemplo, se recuerdan las muchas localidades que en España han tomado el nombre de Atocha. Entre ellas, la Basílica de Nuestra Señora de Atocha que se encuentra Madrid y la localidad madrileña llamada Atocha. En San Sebastián, se encuentra el estadio de la Real Sociedad que se llama Estadio Municipal de Atocha (Atotxako futbol zelaia).

Pero no sólo en la península y en el mundo católico mediterráneo se encuentran referencias a Antioquia, en otros lugares americanos también las podemos encontrar, por ejemplo, en Méjico, se puede visitar el santuario del Niño de Atocha, el cual derivó, según se cuenta de la figura traída a la aldea de Fresnillo en Zacatecas por los españoles en 1554.

Más aún, si en el mundo hispanoamericano se tienen noticias relacionadas con el nombre Antioquia, en la órbita anglosajona se pueden encontrar alegorías a esta palabra. Al respecto, en el Estado de California, en los Estados Unidos existe una ciudad llamada Antioch, una de las más antiguas fundadas en California por grupos de colonos antes de la fiebre del oro. Se cree que le pusieron Antioch dado su filiación a la religión protestante, lo que prueba que la provincia de Antiokia en la actual Turquía es referenciada como uno de los lugares sagrados para el cristianismo.  



LA JUNTA DE GOBIERNO EN 1810 Y EL PROYECTO DEL ESTADO DE ANTIOQUIA.



El mes de agosto fue donde se desarrollaron los sucesos más relevantes de la sociedad antioqueña frente al llamado de la península a formar juntas de gobierno en todas las ciudades principales americanas y sus adscripciones territoriales.
El día 4 el gobernador de Antioquia ante las autoridades de la administración española Francisco de Ayala, realizó una proclama dirigida al pueblo antioqueño, en la que exponía sus inquietudes sobre la invasión napoleónica a la península.
Para el día 10 se comenzaron a invitar a los principales cabildos de Antioquia para establecer un congreso en Antioquia, donde se trataran estos delicados temas. Finalmente el día 30 se logró establecer la Junta de Gobierno de Antioquia dispuesta de la siguiente manera: su presidente fue Francisco de Ayala, Elías López Tagle fue designado como vicepresidente y José Manuel Restrepo como secretario. 
Fue una junta que aglutino a todas los territorios antioqueños en una Junta Provincial única, manteniendo el carácter consensuado para evitar el resquebrajamiento de la unidad política y soberanía sobre los gobiernos locales, las ciudades y las villas.
La junta de Antioquia apoyó la iniciativa de Cartagena que consistía en reunirse en Medellín y formar una alianza federativa, a lo cual la Junta de Antioquia afirmaba, su voluntad de unirse pero sin poner en duda el rango y vasallaje a la autoridad real que representaba Fernando VII.
Antioquia y las demás provincias se guiaron para crear sus proyectos autonómicos en la figura “vacatio regio”, que significaba que ante la ausencia del rey la soberanía recaía sobre el pueblo, cortando todos los lazos que la unían con la administración colonial, sus instituciones y sus centros de poder.
Cada provincia podía autogobernarse sin ninguna sujeción a las autoridades virreinales, que era una merced o gracia otorgada por el rey para su administración, recaía la soberanía sobre la forma más antigua jurídico-territorial primigenia que era la ciudad y sus adscripciones territoriales.
Por esta razón desconocieron la centralidad de Santafé y se dieron a la tarea de crear una libre y voluntaria unión entre territorios iguales, que en fechas posteriores se consolidó como una confederación de Estados libremente asociados.

domingo, 29 de julio de 2012

LA PRIMERA DICTADURA DE AMÉRICA LATINA OCURRIÓ EN ANTIOQUIA EN 1813


Después de culminadas las guerras de independencia de América Latina y una vez desmembrado el Estado o Imperio Español, resultaron como consecuencia una serie de países producto de una guerra civil que se prolongó hasta 1826.
Desde entonces, en la América hispana pocos países han estado al margen en algún momento de su vida republicana de pugnas caudillistas, de gobiernos militares, de regímenes populista o dictatoriales y de golpes de estado. 
Las dictaduras americanas tienen su ejemplo primigenio en el Estado Soberano de Antioquia, pero a diferencia de las dictaduras latinoamericanas, la de Antioquia se caracterizó por el carácter consensuado, moderado y pragmático de esta experiencia política antioqueña.
Estamos hablando de año de 1813 cuando los representantes de los principales cabildos antioqueños nombraron a Juan del Corral, como dictador del Estado de Antioquia. El objeto de esta particular forma de gobierno que se presentó en Antioquia, era el de poseer un gobierno militar que potenciara el aparato militar para así salvaguardar la vida y bienes de los habitantes de Antioquia, y defender su constitución del avance e injerencia de territorios externos y del enemigo común que representaban las tropas leales a Fernando VII.
Por esta razón los representantes antioqueños solicitaron la suspensión de la constitución antioqueña, y encargar de la particular y delicada forma de gobierno a Juan del Corral -nacido en Mompóx y radicado en Antioquia-, el cual prestó grandes servicios a Antioquia y se llegó a convertir en su presidente dictador.
Pasados tres meses el dictador de Antioquia entregó un informe detallado sobre su periodo de gobierno, siendo prorrogado su mandato por cuatro meses más. Hasta inicios de 1814 en que entregó el mandato a un presidente civil para que gobernara el Estado Soberano de Antioquia.
Durante el mandato de Juan del Corral se decretó la separación definitiva de Antioquia de la administración colonial, mediante el acta de Independencia del Estado Soberano de Antioquia; se dictaron importantes leyes para el beneficio de sus habitantes y se estableció una fuerza militar de considerable importancia que defendiera la constitución antioqueña y a los habitantes de su territorio.
Por todo esto, la primera dictadura que se instauró en América, se hizo en el Estado de Antioquia, en una época donde la soberanía popular recayó sobre los habitantes de sus comarcas y que estuvieron dispuestos a defender por las armas su constitución, sus familias y su patria, un estado soberano y libre en la América meridional.