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Ilustración de Zuláibar de Gustavo Rico |
LA HISTORIA OCULTA DE ANTIOQUIA
El blog que te muestra la historia que no conoces de Antioquia
Antioquia un lugar maravilloso
sábado, 15 de marzo de 2025
La formación del grupo parental y de negocios denominado el consorcio

viernes, 14 de marzo de 2025
Hispanoamérica: una mirada crítica entre el neo-hispanismo ideológico y el hispanismo académico
El hispanismo apoyado en la filología, historia y otras disciplinas sociales se había constituido en una corriente de
gran relevancia, desarrollo y aceptación en el ámbito académico y universitario.
Ello gracias a la elaboración seria, concienzuda y fundamentada de muchos estudiosos
que llevaron el rigor académico, el compromiso intelectual y la profesionalidad
hasta lo más alto de sus investigaciones.
Hoy para nadie es un secreto que el hispanismo dejó
de ser una corriente de desarrollo exclusivo de los especialistas sociales,
para pasar a un sector más amplio dominado por los divulgadores de contenido, aunque
también aparecen algunos académicos de diversas especialidades que hacen,
escriben y opinan sobre esta corriente, en particular sobre la historia.
Se trata de una ola de hispanistas que se subieron
al tren cuando la obra Imperiofobia y
leyenda negra de Roca Barea tuvo gran éxito en los países de habla hispana.
Por solo nombrar algunos en el ámbito hispanoamericano aparecen apellidos tan
activos, sonados y publicitados como Gullo, Lons, Zunzunegi y Aita.
Lo cierto es que este discurso tomó fuerza en una
especie de neo hispanismo masivo y democrático, en medio de las celebraciones
del segundo centenario de las Independencias, en el que, ya de una manera más
digerible y menos academicista, decenas de divulgadores se dieron a la tarea
bajar al público lego muchas de las teorías expuestas por los especialistas.
Esto, sin duda, catapultó el hispanismo a niveles jamás antes
vistos, gracias al papel que jugaron las redes sociales en la difusión de este
tipo de temáticas. Sin embargo, muchas de estas narrativas y obras carecían de
rigor académico, no aportaba a la reflexión crítica y no tenía una adecuada
atención y citación de las fuentes empíricas y bibliográficas.
Este último punto es muy importante puesto que, por
las dinámicas mismas de la comunicación en las redes sociales y la naturaleza de esta neo-corriente, no se tuvo una posición clara frente al plagio de
ideas, no se aportó al estado de la cuestión (en concreto a la historiografía) y no se tuvo un compromiso frente a los principios de rigurosidad, veracidad, objetividad
y contrastación de datos.
Otra de las críticas personales a la neo corriente
es la implantación rápida y masiva de ideas, algunas generalizadas y no tan
precisas en un mundo tan amplio y diverso como lo es la hispanidad. Por ejemplo,
quedó la sensación de que la hispanidad nació en Argentina en la década de 1920
como respuesta a la reivindicación étnico-cultural de los italo-estadounidense,
cuando se apropiaron y dieron forma al Columbus
Day. Se supone que, a partir de allí, a modo de imitación, la mayoría de
los gobiernos hispanoamericanos instauraron este día (12 de octubre) como el
Día de la Raza, siendo pionero el país austral en 1917, seguido por Venezuela y
Colombia en 1921, Chile en 1922 y México en 1928.
Otro supuesto habla de que, a partir de allí, algunos intelectuales, entre ellos el padre Vizcarra, reflexionaron sobre el término
hispanidad y lo que representaba el Día de la Raza. Idea que fue reforzada por
otros filósofos y escritores como Maeztu, Gomá, García Morente, Basterra y
Pemán. De ahí nació, según muchos teóricos, entre ellos el jurista Miguel
Ayuso, el constructo que todos llaman hoy hispanidad, al menos como sustantivo
propio.
Lo cierto es que esta coyuntura y este contexto
particular representan solo un sector y desarrollo del hispanismo, aquel
defensor de una idea nacionalista y europeísta de la hispanidad. Por ello la
importancia de diferenciar este movimiento con el hispanismo americano
decimonónico: aquel nostálgico de la España que se fue tras los procesos de
Independencia y que se manifestó en intelectuales de la talla de Rubén Darío,
José María Vergara y Vergara, José Eustaquio Palacios, Miguel Antonio Caro,
Tomás Carrasquilla, José Vasconcelos, José Elguero Videgaray y Enrique de
Olavarría y Ferrari, entre otros.
De otro lado, el hispanismo emergente a partir del 2016 no
posibilitó el avance de los estudios literarios, filosóficos e históricos, al
ser parte de una corriente poco original, que nació como copia de pioneros que ya habían
alertado, por ejemplo, sobre la Leyenda Negra, como es el caso de Julián Juderías (1917). En especial, dado que este campo estaba condicionado o apalancado por las redes sociales y las dinámicas propias
de la comunicación actual; es decir, la brevedad, la inmediatez, la
actualización de contenido, la viralización y la monetización.
Todo ello abrió una brecha entre el hispanismo
académico y la neo hispanofilia, la cual ya había sido identificada en la
crisis que sufrió esta corriente (el hispanismo) en la década de 1980, en campos
como la filología, los estudios literarios y la historia. Esta reflexión
crítica puntual fue muy positiva para muchas de las disciplinas sociales en las
que se apoyó; por ejemplo, de allí nació un periodo de renovación
historiográfica que produjo cosas interesantes y, aunque estos trabajos no fueron hegemónicos,
si lograron hacer frente a la publicidad de la Leyenda Negra a vísperas del
quinto centenario.
Actualmente el hispanismo ha entrado en una fase de
incertidumbre que no solo desdibuja lo ya avanzado en historiografía, sino que
también pone en crisis la corriente misma, en particular, porque se le acusa de
intentar reescribir la historia para cumplir con su propósito principal,
combatir la Leyenda Negra. Del mismo modo se corre el riesgo de estar alimentando
un hispanismo inconexo con la tradición académica, el ejercicio crítico y el
rigor científico.
Lo cierto es que el neo-hispanismo ha planteado un reto para el hispanismo académico, al tener que competir con una corriente que tiene un frágil régimen epistemológico, una narrativa problemática y una deriva historiográfica; en particular, al convertirse en propaganda a la inversa, paradójicamente lo que tanto intentó combatir. Por esto se hace necesario abordar reflexivamente este fenómeno y aprovechar esta crisis para replantear metodológicamente una estrategia que vuelva a posicionar el hispanismo como una corriente seria, respetada y de gran desarrollo en el mundo.

jueves, 10 de octubre de 2024
Cuento: De la Isla a la Montaña Esmeralda


domingo, 11 de agosto de 2024
Año 211 de la Independencia de Antioquia, apuntes del libro Hasta los gallinazos tienen rey
Tabla. Élite comercial pre-independentista antioqueña
La singularidad antioqueña durante el movimiento juntista y constitucional
Los establecimientos públicos de instrucción eran reducidos… las familias más ricas solían enviar a los colegios de Santafé (Bogotá) alguno de sus hijos a recibir la instrucción con el fin de seguir la carrera eclesiástica y que disfrutaran de las capellanías de la familia… Los libros de toda especie eran rarísimos; los jóvenes que volvían de los colegios de Santafé traían algunos in folio en latín, que les habían servido para sus estudios… un Ejército Cotidiano o un Ramillete de Divinas Flores, eran estimados como un tesoro en las familias que tenían la dicha de poseerlos; los sujetos más adelantados solían tener alguna obra de la literatura española[6].
…la pregunta sobre su extensión en el caso de Nueva Granada, pues su carácter minoritario, reducido aun dentro de las élites sociales, parece un hecho confirmado. Es por ejemplo notable que la correspondencia de los naturalistas de Popayán nunca mencione este tipo de “asociaciones literarias”, como no se mencionan sino tardíamente para Cartagena y, por lo que conocemos, en ningún caso se mencionan para la ciudad de Mompóx ni para la provincia de Antioquia[7].

miércoles, 27 de marzo de 2024
Los indios realistas en Antioquia, parte 3 (última)
…ofrecemos ejercer todas las funciones de ciudadanos y Patriotas, no rehusando ninguna expedición que se proyecte, pues para ser útiles en este caso nos prestamos voluntariamente a sufrir la disciplina militar, pues para su instrucción pedimos a cabo, que nos enseñe el manejo de armas[2] .
En específico del capítulo llamado Desleales, contrabandistas y conspiradores. Estrategias de los antioqueños frente a las redes de centralización del poder (1819-1830).
¡Título disponible en Amazon!
[1] Frankly SUÁREZ, Representación y defensa en la Primera
República Antioqueña, 1808-1816, Academia Antioqueña de Historia, Medellín
2014, 65.
[2] AHA. Fondo
Independencia, t. 822, f. 31r.
[3] AHA. Fondo
Independencia, t. 836, ff. 1r - 20r.
[4] Según Salgado en
el: “contexto de reconquista hispánica, sectores indígenas apelaron al antiguo
régimen y a su estatus colonial para declararse contrarios a la legislación
independentista, que les invalidaba sus privilegios como grupo social. Karina
SALGADO, op. cit. 37.
[5] Al respecto,
Salgado, citando a González en su monografía de historia llamada: “Indios y
ciudadanos en Antioquia 1800-1850. Demografía y Sociedad”, indica lo siguiente:
“La historiadora Lina González resaltó que esa inconformidad, tanto en El Peñol
como en Buriticá, representaba un alto potencial para el posterior alistamiento
en el ejército realista, lo que incidía en el temor de las autoridades
independentistas”. Ibíd. 36.
[6] El Nare, el río
más importante del Altiplano conocido como Valle de San Nicolás, pasó por
jurisdicción del pueblo de Indios del Peñol, en un entramado de caminos prehispánicos,
diseñados para el intercambio comercial y la trashumancia. El puerto que
desemboca al Magdalena se pobló con indios, mestizos y libres que se asentaron
en busca de oro. Archivo Histórico de la Nación. Historia t. 19, f. 532 r. y t.
1, f. 553 v.
[7] Orlando MONTOYA
y Mauricio RESTREPO, Chorros Blancos y la
Independencia de Colombia, Academia Antioqueña de Historia, Medellín, 2020,
308.
[8] José
Manuel RESTREPO, Autobiografía…, op. cit. 17.
[9] Mariano
TORRENTE. op. cit. 80.
[10] Gustavo GARCÍA, Un obispo de historia, el obispo de Popayán:
Don Salvador Ximénez de Enciso, Caja de Ahorros Provincial de Málaga,
Málaga, 1961, 218.
[11] Roberto
CADAVID, Historia de Antioquia,
Argos, Medellín, 1996, 200.
[12] Riosucio se creó
a partir de la unión del resguardo indio de La Montaña y el Real de Minas de
Quiebralomo. Álvaro GÄRTNER, Guerras
civiles en el antiguo Cantón de Supía: relatos de episodios armados acaecidos
entre el siglo XVI y el XIX: luchas por las tierras del oro. Editorial
Universidad de Caldas, Caldas, 2006, 50.
[13] Heraclio BONILLA
(Comp.). Documentos de la Reconquista de
Colombia. Transcripciones del Fondo Documental “Pablo Morillo”. Centro
Cultural y Educativo Español Los Reyes Católicos-Universidad Nacional de
Colombia, Bogotá, 2011, 128.
[14] Pilar MORENO DE
ÁNGEL, Correspondencia y Documentos del
General José María Córdova, Editorial Kelly, Bogotá, 1974, t. 1, 102 y ss.
[15] Ibídem.
[16] AHA. Fondo
Independencia, t. 913, ff. 16r-29r.
[17] AHA. Fondo
Independencia, t. 918, ff. 270r - 272r.
[18] Ibíd. t. 921, f.
92r.

sábado, 24 de febrero de 2024
¡Hasta los gallinazos tienen rey!

sábado, 3 de febrero de 2024
Los indios realistas en la provincia de Antioquia, parte 2
La resistencia simbólica y silenciosa de los pueblos de indios en Antioquia
En
Antioquia la resistencia indígena frente al proceso revolucionario no fue
masiva, decidida y cruenta como si sucedió en otras provincias neogranadinas:
los casos de Santa Marta, Riohacha y Valledupar en el norte (Caribe) y los de
Popayán y Pasto en el sur (Pacífico). Básicamente, porque las comunidades
indias del interior de esta región andina eran minúsculas, dispersas y
políticamente desorganizadas. Caso contrario se presentó en las comunidades
periféricas, más numerosas y concentradas en territorios donde no hacía
presencia la administración virreinal (estaban por fuera del sistema de dominio
español). Por ello, valdría la pena distinguir estos dos tipos de grupos
étnicos que coexistían en la región para entender mejor su inserción o rechazo,
de cara al advenimiento de la Republica.
Dentro
de los nativos incorporados al régimen español, a quienes también podríamos
llamar “tributarios”, se encuentran los resguardos o “pueblos de indios”[1].
De ellos en Antioquia a vísperas de la Independencia quedaban solo diez de
importancia: Buriticá, Sopetrán, Sabanalarga, Cañasgordas, La Estrella, El
Peñol, Sabaletas, Ocaidó, San Antonio y Urrao. Vale la pena mencionar que eran
comunidades pequeñas y dispersas, como indica en 1808 el registro de indios
tributarios: contados a partir de los varones entre 15 y 45 años[2].
Por
su parte, los no incorporados tenían comunidades más numerosas que vivían según
las autoridades, en estado “salvaje” y muchas veces nómada. Hablamos de grupos
humanos pertenecientes a las etnias kunas, tule, chocoes y emberas asentadas en
territorios donde no había presencia de la administración. Eran tribus
belicosas que históricamente estaban en estado de guerra con la Corona
española, lo que los hizo aliados estratégicos de potencias extranjeras con las
que tenían trato comercial, negocios y asistencia mutua; razón por la que allí
se desarrolló el contrabando y otras prácticas subrepticias[3].
No
es casual que algunos de los anteriores grupos apoyaran las huestes
revolucionarias, dada su rebeldía y hostilidad frente a los españoles. También,
como se ha mencionado, por su cercanía y afinidad con las potencias rivales
extranjeras como Gran Bretaña. En el caso contrario, los indios aquí llamados
“incorporados” o tributarios mantuvieron una relación de dependencia y
fidelidad frente a la Corona y, por tanto, reaccionaron y resistieron de manera
simbólica o armada cuando sus lealtades, sistema de gobierno y alianzas se
vieron amenazadas.
A este punto, es necesario señalar que,
paradójicamente, fueron las Cortes de Cádiz las que, inicialmente, rompieron la relación de vasallaje
histórico mantenida con estas comunidades. Ello, a raíz de la aplicación de
medidas liberales como el decreto que ordenó la exención general
del tributo indígena en marzo de 1811. Dictamen que en junio fue incluido en la Constitución Provisional del Estado Soberano de
Antioquia, la cual aún reconocía el derecho de gobernar de Fernando VII y fue
firmado el 18 de diciembre por Miguel de la Calle,
José Pardo, Pantaleón Arango, Pablo Zuluaga y Gómez de Salazar[4].
Al siguiente año (1812) el Poder
Legislativo del Estado de Antioquia suprimió definitivamente los fueros,
justicia y sistema fiscal propio indio, declarándolos como “ciudadanos libres
de tributo”[5]. El
edicto fue enviado a los distintos resguardos para su conocimiento, aceptación
y firma. Sin embargo, la medida no fue bien recibida por muchas de estas
comunidades étnicas. Buriticá, por ejemplo, fue uno de los primeros pueblos en
reaccionar y enviar un documento manifestando su inconformidad, alegando lo
siguiente:
…ante Vuestro Señor con el debido respeto, parecemos
diciendo: que resultándonos en nuestro concepto un gravamen con la libertad que
se nos ha declarado, suplicamos a Vuestro Señor que con el mayor rendimiento
sea elevada la acción de libertad y se nos deje en nuestro antiguo estado de
indios, pues en el ofrecemos ejercer todas las funciones de ciudadanos y
Patriotas[6].
A
su vez, José Vicente Sixo,
en representación de El Peñol, se lamentó de la pérdida de su antiguo estado, en el
cual dice estuvieron por gracia de la Divina Providencia y donde, según su
parecer, se sentían “muy gozosos sin que la ambición o vanagloria de ser
ciudadanos nos tire y persuada a gozar del concedido indulto y libertad”[7].
Su descontento también se presentó frente a la eliminación del tributo y la
imposición de otros impuestos pues, como indicaron, apenas
podían “pagar el corto tributo de su Majestad”, ahora cómo podrían cumplir, ya
en calidad de ciudadanos, con los derechos que se les “condena”[8].
Los
indios de Buriticá también fueron enfáticos en solicitar la “sanción de la
libertad para continuar en el antiguo estado de indios”[9].
Sin embargo, la Sala Primera de la Legislatura de Antioquia rechazó las distintas
peticiones y demandas, alegando que se trataba de una ley superior, de obligado
cumplimiento, aplicada a todos los reinos de Ultramar y basada en los
principios de justicia y libertad, en clara alusión a lo dicho en Cádiz.
A
raíz de la irreversible supresión del sistema antiguo, los choques e
inconformidades frente a la República comenzaron a aflorar entre las distintas
comunidades indígenas. En la ciudad de Marinilla, la Junta Provincial de
Seguridad y Vigilancia realizó un juicio sumario contra el indio Juan de Dios
Sánchez, vecino de San Antonio de Pereira, por haber “vertido sugerencias
sugestivas contra el Gobierno”[10].
Una
vez restaurada la autoridad real
con la llegada del general Francisco Warletta, los
resguardos acudieron a participar en los actos de desagravio y juras al rey
junto a las autoridades civiles y eclesiásticas. En esta ocasión, no se hicieron esperar las muestras de afecto al
soberano, señalando ya haber calmado la “tempestad” y cumplido sus “ardientes
deseos” de estar de nuevo bajo el cobijo del adorado Fernando VII[11].
A su vez, ofrecieron contribuciones y donativos en granos, cereales, pesca,
animales y otros abastos.
Este
suceso dejó al descubierto la existencia de una narrativa de lucha y resistencia que se expresó de manera simbólica y
pasiva frente a las armas, leyes, prácticas y autoridades republicanas[12]. Los indios de Buriticá,
por ejemplo, afirmaron que su obediencia hacia el nuevo gobierno había sido
ficticia y por ello anhelaban retornar al amparo del rey, a quien se referían como
su “padre, protector y salvador”. Además, se quejaron de la privación de su
protector de indios y, particularmente, de que sus privilegios habían sido
“violados y se nos obligó a obedecer órdenes contrarias a los sentimientos que
nos animaban”[13].
Constante
solicitaron al rey restituir los resguardos y devolver las tierras y
propiedades que habían sido enajenadas, repartidas o vendidas por la República.
Sobre todo, porque a consecuencia de esto, nativos como los del resguardo de
Sabanalarga se habían reducido, sus casas habían sido destruidas y su
agricultura había decaído dramáticamente. Un informe de Salvador de Guzmán y
Ferraro indicó que a consecuencia de la revolución muchos indios estaban en
fuga o hacinados en Cáceres, San Agustín y los reales de minas vecinos[14].
A su vez, razones como la anterior habían llevado a los indios del El Peñol a
pedir la expulsión de todos los libres de su jurisdicción y volver a repoblar
la zona con naturales[15].
En
1817 el pueblo de Ocaydó, supeditado territorialmente a Antioquia, pidió la
restitución de su corregidor, alegando que este fue el motivo por el cual no
fueron censados y, en consecuencia, no pudieron pagar el correspondiente
tributo. Lo cierto es que el desplazamiento de la población indígena dificultó
el censo, tributo y restitución de los resguardos; como afirmó Luis Antonio de
Villa, corregidor del pueblo de Sopetrán en 1818: la revolución había
ocasionado grandes pérdidas que los obligaron a abandonar el territorio[16].
Además de los anteriores casos, que evidencian la existencia de una rebeldía simbólica de los indios, quienes manifestaron haber aceptado el gobierno republicano por temor a represalias, también se observa una resistencia armada para frenar el avance revolucionario.
Extracto tomado del libro de John Alejandro Ricaurte Cartagena titulado "Hasta los gallinazos tienen rey". Guerrillas contrarrevolucionarias en la provincia española de Antioquia (1813-1830).
[1] Eran verdaderas repúblicas puesto que jurídica y
administrativamente eran reconocidas por el Estado y se diferenciaban de las de
“blancos”, es decir, los municipios o ayuntamientos en que poseían una
estructura social y organización propia. De ahí que, dada la relación histórica
con estos pueblos aliados, en Antioquia pervivió una concepción dual de la
administración: una república de “blancos” y otra de indios que, si bien tenían
una legislación y forma de gobierno diferente, hacían parte de un mismo Estado
nacional.
[2] Buriticá (729), Sopetrán (510), Sabanalarga (820), Cañasgordas
(158), La Estrella (620), El Peñol (de 822 la mayor parte), Sabaletas (499),
Ocaidó, San Antonio y Urrao. Víctor ÁLVAREZ MORALES (ed). La relación de Antioquia en 1808. Expedición Antioquia 2013, Medellín,
2008.
[3] AGI. Panamá, d. 229, l. 3, ff. 361v-363r.
[4] Superior Declaratoria en favor de la libertad de los indios tributarios.
AHA., Fondo Independencia, t. 824, d. 13004, ff. 77r-79v.
[5] Vale la pena aclarar que, en materia de tributos, la legislación
española les permitía pagar el tributo al rey en especie o metálico,
dependiendo de sus particularidades, actividad económica (indios de pesca, mina
y caza), geografía, economía y recursos. También según los artículos que
pudieran tributar: mantas, minerales, agricultura, ganado, tejidos, trabajo (en
obrajes) u otro tipo de servicio.
[6] AHA., Fondo Independencia, t. 822, f. 31r.
[7] AHA., Fondo Indios, t. 27, d. 857.
[8] AHA, Fondo Indios, t. 27, d. 857, ff. 2r-3v y Fondo Independencia, t.
822, f. 33v.
[9] AHA., Fondo Indios, t. 27, f. 424r.
[10] Junta provincial de seguridad y vigilancia, AHMA, Actas del
Cabildo, t. 94, ff-1-5, (julio de 1812).
[11] AHA., Medellín, Fondo Independencia, t. 836, f. 19r.
[12] Como
indica Yoel Castaño: “Con el ingreso de las tropas realistas de Warletta en la
Provincia de Antioquia, los indios vieron retornar por un corto período sus
antiguos privilegios y desaparecer la odiosa carga que para ellos implicaba ser
un ciudadano. Por un breve lapso de tiempo desapareció la incertidumbre a la
que se vieron avocados por el gobierno republicano, y hasta volvieron a
rematarse, a sacarse a pública almoneda y a cobrarse los tributos. También los
indios aprovecharon esa breve coyuntura para hablar con desdén del gobierno
insurgente, y recrear una leyenda negra de esa primera república, a la cual se
refirieron con términos como “tiempo calamitoso”, “tempestad política”,
gobierno “intruso”, “revolucionario” o “insurgente”...” Yoer CASTAÑO PAREJA,
“De menores de edad a ciudadanos: los indígenas de Antioquia y otras zonas
neogranadinas frente a los postulados libertarios de la primera república, 1810
– 1816”, Anuario Historia Regional y de
las Fronteras, v. 13, n. 1, 2008, pp. 50 y ss.
[13] Karina SALGADO HERNÁNDEZ, “Indios, ciudadanía y tributo en la
Independencia neogranadina. Antioquia [1810-1816]”, Trashumante. Revista Americana de Historia Social 4 (2014): 26-43.
[14] AHA., Fondo Independencia, t. 868, d. 13579, ff. 1-2v.
[15] AHA., Fondo
Independencia, t. 858, d. 13447, ff. 153-154.
[16] AHA., Fondo Indios, t. 27, d. 873, ff. 45-46.
