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lunes, 6 de julio de 2026

El espejismo de la ayuda hispana en la Independencia de EE. UU.

La divulgación histórica contemporánea en plataformas digitales ha dado origen a una corriente a la que ya me he referido como "neohispanismo" para diferenciarlo del hispanismo académico —una corriente seria, rigurosa y ya consolidada desde el siglo XX—.
    El neohispanismo digital opera bajo las lógicas del consumo masivo, la inmediatez, el afán de notoriedad y la selectividad de los entornos virtuales, donde los sistemas de recomendación sesgan la visibilidad del usuario. Durante el mes de julio, un tema predilecto de estos divulgadores es la participación de la Corona española en la independencia de los Estados Unidos, ensalzando figuras como Luis de Unzaga, Diego de Gardoqui o Bernardo de Gálvez. Sin embargo, esta narrativa romántica —ampliamente documentada desde el siglo XIX— elude una verdad incómoda: dicha intervención lejos de ser una gesta heroica, constituyó uno de los mayores errores estratégicos y geopolíticos en la historia de la monarquía hispánica. A la postre, sus repercusiones terminaron por fagocitar los propios dominios americanos y consolidar la actual asimetría cultural y política en Occidente.
    Resulta que el apoyo decidido de Madrid a las Trece Colonias obedeció al ciego revanchismo de los Pactos de Familia contra Gran Bretaña tras la Guerra de los Siete Años. Los ministros ilustrados de Carlos III no se detuvieron a calcular el peligro de alimentar a un "Estado leviatán" en su propia frontera. Al validar la insurrección colonial basándose en el principio de que los súbditos podían rebelarse legítimamente contra su metrópoli, España firmó la sentencia de muerte de sus propios virreinatos. El conde de Aranda lo advirtió en su famoso dictamen de 1783, señalando que la naciente república federal era un "coloso" que terminaría por devorarse las posesiones hispanas en América.
    El tiempo le dio la razón de la manera más humillante. La debilidad estructural de la Corona española tras las guerras napoleónicas la llevó a desmantelar su propio imperio territorial mediante transacciones que rayan en la vergüenza histórica:La entrega de la Luisiana: Un vasto territorio estratégico que pasó de mano en mano hasta terminar bajo el control total de Washington, abriéndoles la puerta hacia el oeste.
    El Tratado Adams-Onís (1819): La entrega formal de las Floridas a cambio de una delimitación fronteriza que Estados Unidos jamás respetó a largo plazo.
    Al ceder estas regiones, España no solo regaló su geografía física y humana, pues no eran territorios vacíos, sino que estaban poblados por pueblos ancestrales y aliados a la Corona, sino que facilitó que la joven república norteamericana destruyera y absorbiera las redes de comercio hispánico en el Caribe y el Golfo de México.
    El mito de una España imperial y defensora de su soberanía se desmorona al analizar la década de 1820. Con la Restauración absolutista de Fernando VII gracias a los "Cien Mil Hijos de San Luis", la Santa Alianza (Rusia, Prusia, Austria y Francia) se mostró dispuesta a intervenir militarmente en América para aplastar las revoluciones independentistas hispanoamericanas.
    No obstante, en 1823, el presidente James Monroe proclamó su famosa: "América para los americanos". Ante el desplante de la Doctrina Monroe, respaldada por el poder naval británico que buscaba asegurar sus nuevos mercados, la corte de Madrid —dominada por el trienio liberal— se atemorizó. En lugar de articular una resistencia firme o liderar una reconquista militar conjunta con las potencias europeas, los gobernantes peninsulares prefirieron el repliegue. Adoptaron una postura servil ante el poder emergente del norte, las que he siempre llamado "Las trece pobres colonias", abandonando definitivamente a los realistas americanos y permitiendo que los Estados Unidos asumieran el rol de tutores y gendarmes del continente y el mundo.
    Resulta paradójico que el neohispanismo digital de hoy intente vender este error histórico como un motivo de orgullo. Esta narrativa del "nosotros los ayudamos a independizarse al país más poderoso del mundo" no es más que el síntoma de un profundo complejo de inferioridad frente a la hegemonía estadounidense.
    De hecho, hoy por hoy, gran parte de la sociedad y la intelectualidad europea manifiesta una fascinación sumisa por el modelo norteamericano: dependencia e importación cultural y migratoria basada en adoptar de forma poco crítica los modelos, modas de consumo, entretenimiento y política estadounidense.
    Los divulgadores de internet que romantizan la figura de Gálvez buscan desesperadamente la palmadita en la espalda de la historiografía anglosajona, una suerte de validación tardía que grita: "Mírennos, nosotros también fuimos importantes en su origen". Eso si, desprecian al independentista Miranda, subalterno del primero y que también participó en aquella contienda.
    En el plano estrictamente militar, del territorio estadounidense salieron contingentes de hombres, armas y recursos que resultaron determinantes para las emancipaciones hispanoamericanas. Paradójicamente, la Corona española —que había intervenido previamente en la independencia de los Estados Unidos— no anticipó que su apoyo inicial sería el prólogo del fin de su propio imperio; aquella decisión estratégica dejó a los realistas criollos luchando en el más absoluto aislamiento, desprovistos de municiones y pertrechos frente al avance insurgente. Lejos de ser una gesta romántica, esta "ayuda" internacional de España a los Estados Unidos operó como el catalizador definitivo que sepultó la soberanía de los nuevos territorios y, a largo plazo, terminó por subordinar a la propia Europa al dictado de Washington.
    Por todo lo anterior, la historia seria y académica no puede ser cómplice de los relatos edulcorados que difunden los creadores de contenido actuales, quienes, en su afán por generar clics y ensalzar un discurso superficial, omiten estas complejas dinámicas geopolíticas.
    Con el propósito de no idealizar el apoyo español a la causa norteamericana y desarticular el persistente silencio de la historiografía tradicional sobre el respaldo estratégico y diplomático de Washington a la emancipación neogranadina, los invito a consultar mi libro, La dimensión internacional de la guerra de Independencia de Colombia. A través de este riguroso análisis, el lector podrá desentrañar los pasajes ocultos y las complejas redes de intereses que resultan indispensables para comprender la verdadera magnitud y el desenlace del proceso independentista.

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