Antioquia un lugar maravilloso

Antioquia, tierra mágica y generosa ubicada estratégicamente en la esquina nor-occidental suramericana, llena de historias asombrosas y gente admirable.

sábado, 24 de febrero de 2024

¡Hasta los gallinazos tienen rey!

Los oficiales del ejército español, a la cabeza del virrey Sámano, consideraron a la antigua provincia de Antioquia como el territorio más importante, geoestratégicamente hablando, donde se podía ganar o perder (como efectivamente sucedió) la continuidad del régimen Borbón en Suramérica.

En particular, porque mantener bajo el control del rey este territorio significaba mantener en pie de lucha el cordón occidental que unía a los territorios realistas en el Caribe como Cartagena, Panamá, Santa Marta, Centro América y Cuba con sus pares más australes del Pacífico, los casos de Cauca, Popayán, Pasto y Quito, hasta el corazón del virreinato del Perú.

No es casual que la toma de la provincia de Antioquia significó la pérdida de comunicación entre el norte y el sur realistas, territorios hacia donde planificadamente se dirigieron las huestes de Bolívar para estrangular el pensamiento y resistencia realista de la plataforma continental.

Esta es la razón por la que este libro ¡Hasta los gallinazos tienen rey! presenta un análisis que pone en el mapa mundial a una provincia que, aunque periférica, siempre fue considerada como la “la esquina de las Américas” y la “joya de la corona” por su oro, comercio y por conectar el centro y sur del continente y los dos grandes océanos (Atlántico y Pacífico).

Todo este esbozo y análisis histórico lo encuentras en esta concienzuda investigación que ya es un clásico del pensamiento, actuación y resistencia realista en Hispanoamérica: sin duda una de los primeros ensayos históricos que se ha hecho que relata y rescata la memoria de los sectores subalternos (indios, mestizos, negros y blancos pobres), los vencidos, los invisibles y los proscritos.

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sábado, 3 de febrero de 2024

Los indios realistas en la provincia de Antioquia, parte 2

 

La resistencia simbólica y silenciosa de los pueblos de indios en Antioquia

En Antioquia la resistencia indígena frente al proceso revolucionario no fue masiva, decidida y cruenta como si sucedió en otras provincias neogranadinas: los casos de Santa Marta, Riohacha y Valledupar en el norte (Caribe) y los de Popayán y Pasto en el sur (Pacífico). Básicamente, porque las comunidades indias del interior de esta región andina eran minúsculas, dispersas y políticamente desorganizadas. Caso contrario se presentó en las comunidades periféricas, más numerosas y concentradas en territorios donde no hacía presencia la administración virreinal (estaban por fuera del sistema de dominio español). Por ello, valdría la pena distinguir estos dos tipos de grupos étnicos que coexistían en la región para entender mejor su inserción o rechazo, de cara al advenimiento de la Republica.

Dentro de los nativos incorporados al régimen español, a quienes también podríamos llamar “tributarios”, se encuentran los resguardos o “pueblos de indios”[1]. De ellos en Antioquia a vísperas de la Independencia quedaban solo diez de importancia: Buriticá, Sopetrán, Sabanalarga, Cañasgordas, La Estrella, El Peñol, Sabaletas, Ocaidó, San Antonio y Urrao. Vale la pena mencionar que eran comunidades pequeñas y dispersas, como indica en 1808 el registro de indios tributarios: contados a partir de los varones entre 15 y 45 años[2].

Por su parte, los no incorporados tenían comunidades más numerosas que vivían según las autoridades, en estado “salvaje” y muchas veces nómada. Hablamos de grupos humanos pertenecientes a las etnias kunas, tule, chocoes y emberas asentadas en territorios donde no había presencia de la administración. Eran tribus belicosas que históricamente estaban en estado de guerra con la Corona española, lo que los hizo aliados estratégicos de potencias extranjeras con las que tenían trato comercial, negocios y asistencia mutua; razón por la que allí se desarrolló el contrabando y otras prácticas subrepticias[3].

No es casual que algunos de los anteriores grupos apoyaran las huestes revolucionarias, dada su rebeldía y hostilidad frente a los españoles. También, como se ha mencionado, por su cercanía y afinidad con las potencias rivales extranjeras como Gran Bretaña. En el caso contrario, los indios aquí llamados “incorporados” o tributarios mantuvieron una relación de dependencia y fidelidad frente a la Corona y, por tanto, reaccionaron y resistieron de manera simbólica o armada cuando sus lealtades, sistema de gobierno y alianzas se vieron amenazadas. 

A este punto, es necesario señalar que, paradójicamente, fueron las Cortes de Cádiz las que, inicialmente, rompieron la relación de vasallaje histórico mantenida con estas comunidades. Ello, a raíz de la aplicación de medidas liberales como el decreto que ordenó la exención general del tributo indígena en marzo de 1811. Dictamen que en junio fue incluido en la Constitución Provisional del Estado Soberano de Antioquia, la cual aún reconocía el derecho de gobernar de Fernando VII y fue firmado el 18 de diciembre por Miguel de la Calle, José Pardo, Pantaleón Arango, Pablo Zuluaga y Gómez de Salazar[4].

Al siguiente año (1812) el Poder Legislativo del Estado de Antioquia suprimió definitivamente los fueros, justicia y sistema fiscal propio indio, declarándolos como “ciudadanos libres de tributo”[5]. El edicto fue enviado a los distintos resguardos para su conocimiento, aceptación y firma. Sin embargo, la medida no fue bien recibida por muchas de estas comunidades étnicas. Buriticá, por ejemplo, fue uno de los primeros pueblos en reaccionar y enviar un documento manifestando su inconformidad, alegando lo siguiente:

 

…ante Vuestro Señor con el debido respeto, parecemos diciendo: que resultándonos en nuestro concepto un gravamen con la libertad que se nos ha declarado, suplicamos a Vuestro Señor que con el mayor rendimiento sea elevada la acción de libertad y se nos deje en nuestro antiguo estado de indios, pues en el ofrecemos ejercer todas las funciones de ciudadanos y Patriotas[6].

 

A su vez, José Vicente Sixo, en representación de El Peñol, se lamentó de la pérdida de su antiguo estado, en el cual dice estuvieron por gracia de la Divina Providencia y donde, según su parecer, se sentían “muy gozosos sin que la ambición o vanagloria de ser ciudadanos nos tire y persuada a gozar del concedido indulto y libertad”[7]. Su descontento también se presentó frente a la eliminación del tributo y la imposición de otros impuestos pues, como indicaron, apenas podían “pagar el corto tributo de su Majestad”, ahora cómo podrían cumplir, ya en calidad de ciudadanos, con los derechos que se les “condena”[8].

Los indios de Buriticá también fueron enfáticos en solicitar la “sanción de la libertad para continuar en el antiguo estado de indios”[9]. Sin embargo, la Sala Primera de la Legislatura de Antioquia rechazó las distintas peticiones y demandas, alegando que se trataba de una ley superior, de obligado cumplimiento, aplicada a todos los reinos de Ultramar y basada en los principios de justicia y libertad, en clara alusión a lo dicho en Cádiz.

A raíz de la irreversible supresión del sistema antiguo, los choques e inconformidades frente a la República comenzaron a aflorar entre las distintas comunidades indígenas. En la ciudad de Marinilla, la Junta Provincial de Seguridad y Vigilancia realizó un juicio sumario contra el indio Juan de Dios Sánchez, vecino de San Antonio de Pereira, por haber “vertido sugerencias sugestivas contra el Gobierno”[10].

Una vez restaurada la autoridad real con la llegada del general Francisco Warletta, los resguardos acudieron a participar en los actos de desagravio y juras al rey junto a las autoridades civiles y eclesiásticas. En esta ocasión, no se hicieron esperar las muestras de afecto al soberano, señalando ya haber calmado la “tempestad” y cumplido sus “ardientes deseos” de estar de nuevo bajo el cobijo del adorado Fernando VII[11]. A su vez, ofrecieron contribuciones y donativos en granos, cereales, pesca, animales y otros abastos.

Este suceso dejó al descubierto la existencia de una narrativa de lucha y resistencia que se expresó de manera simbólica y pasiva frente a las armas, leyes, prácticas y autoridades republicanas[12]. Los indios de Buriticá, por ejemplo, afirmaron que su obediencia hacia el nuevo gobierno había sido ficticia y por ello anhelaban retornar al amparo del rey, a quien se referían como su “padre, protector y salvador”. Además, se quejaron de la privación de su protector de indios y, particularmente, de que sus privilegios habían sido “violados y se nos obligó a obedecer órdenes contrarias a los sentimientos que nos animaban”[13].

Constante solicitaron al rey restituir los resguardos y devolver las tierras y propiedades que habían sido enajenadas, repartidas o vendidas por la República. Sobre todo, porque a consecuencia de esto, nativos como los del resguardo de Sabanalarga se habían reducido, sus casas habían sido destruidas y su agricultura había decaído dramáticamente. Un informe de Salvador de Guzmán y Ferraro indicó que a consecuencia de la revolución muchos indios estaban en fuga o hacinados en Cáceres, San Agustín y los reales de minas vecinos[14]. A su vez, razones como la anterior habían llevado a los indios del El Peñol a pedir la expulsión de todos los libres de su jurisdicción y volver a repoblar la zona con naturales[15].

En 1817 el pueblo de Ocaydó, supeditado territorialmente a Antioquia, pidió la restitución de su corregidor, alegando que este fue el motivo por el cual no fueron censados y, en consecuencia, no pudieron pagar el correspondiente tributo. Lo cierto es que el desplazamiento de la población indígena dificultó el censo, tributo y restitución de los resguardos; como afirmó Luis Antonio de Villa, corregidor del pueblo de Sopetrán en 1818: la revolución había ocasionado grandes pérdidas que los obligaron a abandonar el territorio[16].

Además de los anteriores casos, que evidencian la existencia de una rebeldía simbólica de los indios, quienes manifestaron haber aceptado el gobierno republicano por temor a represalias, también se observa una resistencia armada para frenar el avance revolucionario.

Extracto tomado del libro de John Alejandro Ricaurte Cartagena titulado "Hasta los gallinazos tienen rey". Guerrillas contrarrevolucionarias en la provincia española de Antioquia (1813-1830).



[1] Eran verdaderas repúblicas puesto que jurídica y administrativamente eran reconocidas por el Estado y se diferenciaban de las de “blancos”, es decir, los municipios o ayuntamientos en que poseían una estructura social y organización propia. De ahí que, dada la relación histórica con estos pueblos aliados, en Antioquia pervivió una concepción dual de la administración: una república de “blancos” y otra de indios que, si bien tenían una legislación y forma de gobierno diferente, hacían parte de un mismo Estado nacional.

[2] Buriticá (729), Sopetrán (510), Sabanalarga (820), Cañasgordas (158), La Estrella (620), El Peñol (de 822 la mayor parte), Sabaletas (499), Ocaidó, San Antonio y Urrao. Víctor ÁLVAREZ MORALES (ed). La relación de Antioquia en 1808. Expedición Antioquia 2013, Medellín, 2008.

[3] AGI. Panamá, d. 229, l. 3, ff. 361v-363r.

[4] Superior Declaratoria en favor de la libertad de los indios tributarios. AHA., Fondo Independencia, t. 824, d. 13004, ff. 77r-79v.

[5] Vale la pena aclarar que, en materia de tributos, la legislación española les permitía pagar el tributo al rey en especie o metálico, dependiendo de sus particularidades, actividad económica (indios de pesca, mina y caza), geografía, economía y recursos. También según los artículos que pudieran tributar: mantas, minerales, agricultura, ganado, tejidos, trabajo (en obrajes) u otro tipo de servicio.

[6] AHA., Fondo Independencia, t. 822, f. 31r.

[7] AHA., Fondo Indios, t. 27, d. 857.

[8] AHA, Fondo Indios, t. 27, d. 857, ff. 2r-3v y Fondo Independencia, t. 822, f. 33v.

[9] AHA., Fondo Indios, t. 27, f. 424r.

[10] Junta provincial de seguridad y vigilancia, AHMA, Actas del Cabildo, t. 94, ff-1-5, (julio de 1812).

[11] AHA., Medellín, Fondo Independencia, t. 836, f. 19r.

[12] Como indica Yoel Castaño: “Con el ingreso de las tropas realistas de Warletta en la Provincia de Antioquia, los indios vieron retornar por un corto período sus antiguos privilegios y desaparecer la odiosa carga que para ellos implicaba ser un ciudadano. Por un breve lapso de tiempo desapareció la incertidumbre a la que se vieron avocados por el gobierno republicano, y hasta volvieron a rematarse, a sacarse a pública almoneda y a cobrarse los tributos. También los indios aprovecharon esa breve coyuntura para hablar con desdén del gobierno insurgente, y recrear una leyenda negra de esa primera república, a la cual se refirieron con términos como “tiempo calamitoso”, “tempestad política”, gobierno “intruso”, “revolucionario” o “insurgente”...” Yoer CASTAÑO PAREJA, “De menores de edad a ciudadanos: los indígenas de Antioquia y otras zonas neogranadinas frente a los postulados libertarios de la primera república, 1810 – 1816”, Anuario Historia Regional y de las Fronteras, v. 13, n. 1, 2008, pp. 50 y ss.

[13] Karina SALGADO HERNÁNDEZ, “Indios, ciudadanía y tributo en la Independencia neogranadina. Antioquia [1810-1816]”, Trashumante. Revista Americana de Historia Social 4 (2014): 26-43.

[14] AHA., Fondo Independencia, t. 868, d. 13579, ff. 1-2v.

[15] AHA., Fondo Independencia, t. 858, d. 13447, ff. 153-154.

[16] AHA., Fondo Indios, t. 27, d. 873, ff. 45-46.

viernes, 2 de febrero de 2024

Los indios realistas en la provincia de Antioquia, parte 1

Como fruto del contacto, interacción y fusión del mundo europeo con el aborigen, en un proceso de miscegenación que se extendió por más de 300 años, América se convirtió, en términos de Vasconcelos, en el continente síntesis: una suerte de ecúmene universal destinada a absorber en armonía y fraternidad la esencia, alma, imaginación, carácter y personalidad de las distintas razas del mundo[1].

En América coexistieron todas estas realidades étnicas, culturales, raciales y lingüísticas dentro de una misma estructura estatal, caracterizada por su diversidad social, orden jurídico plural y tradición pactista. La misma que actuó como garantía de derechos y respeto de los fueros de las distintas comunidades políticas. Se trata de una especie de orden civilizador que en su devenir histórico logró extender sus dominios en distintas latitudes del globo y conexionar pueblos, castas, religiones, idiosincrasias y cosmovisiones disímiles. 

Sin duda, los indígenas constituían uno de los estamentos más importantes dentro del sistema político, administrativo y social implantado en América por los españoles. En parte, gracias a su carácter ancestral (pueblos originarios) y estatus de protección que brindó la Corona y las instituciones virreinales a aquellas naciones con las que sellaron alianzas, convenios de cooperación y relaciones de vasallaje [2]. Ello explicaría por qué los indios fueron uno de los grupos sociales que mayoritariamente se movilizó en defensa del rey, precisamente, por la intención de mantener sus privilegios, pactos, leyes y gobernanza.

Pese a que el fenómeno del realismo indígena se puede evidenciar en la documentación de la época, la historiografía hizo lo posible por ignorar a este sector poblacional dentro del bloque monárquico. Solo se mencionaron los casos de las provincias de Popayán, Cauca y Santa Marta casi que como los únicos sitios donde hubo oposición, resistencia y enfrentamiento indígena contra la República y su ímpetu reformador. Aunque hay que anotar que en la mayoría de estos trabajos argumentaron que el realismo nativo se debió a que habían sido engañados por los españoles (corregidores, encomenderos, autoridades eclesiásticas y funcionarios), siendo su decisión propia de un pueblo atrasado, ingenuo, ignorante, tradicionalista, supersticioso, sin educación y resistente al cambio[3].

Poco se conoce sobre el contexto de la lucha contrarrevolucionaria indígena en otras provincias del virreinato neogranadino (de recién creación en el siglo XVIII), apenas existen trabajos que mencionan su presencia y actuación. En el caso particular de la provincia de Antioquia, es posible que uno de los factores que influyó en la invisibilidad de este sector fue la existencia de una narrativa imprecisa, pero bien instalada, que indicó que los antioqueños abrazaron en masa la idea de Independencia. Discurso que sin embargo, tiende a cambiar con la existencia de nuevos trabajos y formas de abordar las fuentes y documentos[4].

Lo cierto es que este fenómeno (el realismo indio) fue endémico en el territorio, toda vez que la revolución liberal colisionó contra los intereses de este sector tradicionalmente amparado por la monarquía hispánica. De ahí que su principal interés fue mantener el sistema histórico, corporativista y comunal indiano donde tenían posibilidades de conservar su autonomía, jerarquía social, identidad, etnicidad y cohesión. Todo ello, refrendado por una garantía de derechos representados en una legislación corporal llamada Leyes de Indias, que dio cobijo a este colectivo en un régimen de protección singular y único[5].

A su vez, las nuevas leyes trajeron nociones radicalmente opuestas a su sistema y creencias: en particular, los principios de igualdad, ciudadanía, individuo y propiedad privada. Sobre éste último, es necesario anotar que sus tierras ancestrales, que representaba para ellos un sustento y forma de vida, fueron repartidas, enajenadas y vendidas. Además, se les autorizó convertirse en propietarios, pero restringiendo la posibilidad de venta de sus posesiones por espacio de ocho años, hasta que “aprendieran a apreciarlas”. Esto demolía radicalmente la visión gregaria, simbólica y cultural que mantenían en asuntos como la tenencia, explotación y negociación del suelo dado que para ellos la tierra era un derecho hereditario, comunal e inalienable.

También es cierto que la abolición de los resguardos impactó negativamente el sistema fiscal indígena pues, aunque fueron exentos de algunos impuestos del régimen antiguo, se les aplicaron nuevas cargas impositivas (de tipo liberal) y permanentemente se les solicitó contribuciones en alimentos, ropas y alojamiento para las tropas independentistas. Además, los tributos destinados a la Iglesia como fiestas, procesiones, octavarios, aguinaldos y funerales se dejaron a voluntad, pero se generaron otros gravámenes de tipo religioso como los casamientos, entierros e impuestos anuales de primicias y novenos.

De otro lado, a los solteros entre 18 y 45 años se les obligó a prestar el servicio militar y realizar trabajos forzados, se les dio la potestad de escoger profesiones liberales y la autorización de casarse libremente –incluso celebrar matrimonios interraciales–. Con el ánimo de que absorbieran la pedagogía republicana (estar prestos al cambio), se ordenó construir escuelas, instando a las comunidades religiosas y jueces de la República a contribuir con su educación (en agricultura y minería) y ayudarlos a abandonar “vicios” como el alcoholismo y la vagancia.

Conjuntamente, el nuevo régimen atentó contra su cosmovisión, organización estamental, concepción étnico-territorial y estructura social: en un sistema que creía plenamente en la existencia de un orden diferenciado por castas, jerarquías y roles[6]. Por ejemplo, su autoridad estaba representada por el gobernador de indios, los alcaldes y alguaciles, cargos que, aunque símiles a los de los municipios o ayuntamientos de “blancos”, tenían particularidades como la potestad de impartir la justicia local.

Igualmente, la supresión de los curas doctrineros, corregidores y protectores impactó negativamente sus comunidades dado que para relacionarse con la jurisprudencia de los “blancos”, sea de la adscripción territorial a la que pertenecían o del Estado, precisaban de estos actores intermediarios[7]. De manera que estos cambios introducidos por la modernidad, fueron duramente cuestionadas por las comunidades indígenas ya que representaba un cambio incierto que amenazaba con abolir los resguardos, suprimir los tributos, vender sus tierras y condenarlos a la ebriedad, holgazanería y demás vicios que les fueron atribuidos[8].

Por lo anterior, no fue extraño que los indios tomaran las armas para defender sus privilegios y derechos cuando éstos se vieron amenazados. Se trataba de escoger entre apoyar a una monarquía paternalista, garantista y pactista que básicamente legislaba en su favor o la revolución representada en la ambición de los criollos[9]. Este es el caso de Antioquia, provincia en la que algunos pueblos de indios dieron muestras de afecto y gratitud hacia el rey bajo una resistencia simbólica, pero también belicista como se verá a continuación.

 Extracto tomado del libro de John Alejandro Ricaurte Cartagena titulado "Hasta los gallinazos tienen rey". Guerrillas contrarrevolucionarias en la provincia española de Antioquia (1813-1830).



[1] José Vasconcelos. La raza cósmica: Misión de la raza iberoamericana. Editorial Verbum. 2021.

[2] Hay que reconocer que el paso europeo de la fase de poblamiento antillana a la continental produjo relaciones de paz y de guerra con los aborígenes, en una etapa de exploración y reconocimiento territorial que derivó en un proceso de conquista y poblamiento de la masa continental americana. En este periodo se encontraron con pueblos hostiles, territoriales y belicosos, pero también con otros interesados en realizar tratados de amistad y comercio: generalmente comunidades sometidas que querían salir de una relación de dependencia frente a un sistema social, político y religioso adverso e injusto a sus intereses.

[3] La historiografía muestra como si los españoles (corregidores, doctrineros, comerciantes y gobernadores) hubieran engañado a los indios: una población que se creía atrasada, tradicionalista y políticamente ignorante. Sin embargo, existen otras visiones más equilibradas que muestran que los pueblos originarios se levantaron contra la República por diversos motivos e intereses.  

[4] En ellos se observan individuos, familias y otros colectivos sociales como el caso de los indígenas, campesinos y esclavos luchando hasta el último momento por la restitución de los derechos, privilegios estamentales y fueros otorgados por el rey.

[5] Desde inicios la real audiencia tenían como uno de sus principales deberes la protección de los indios, por ello, la República liberal representaba para estos sectores tradicionalistas un choque contra sus intereses colectivos, pues habían sido amparados y protegidos por la corona, y tenían una legislación especial (Leyes de Indias) donde se reglamentaron garantías como el tributo, trabajo de ocho horas, descanso semanal y vacaciones, entre otros..

[6] El sistema español lo que hizo fue reproducir esas mismas sociedades y mantenerlas dentro de sus ámbitos naturales, ofreciendo garantías de derechos en sus sistemas de legislación.

[7] El cura doctrinero es el encargado del cuidado, evangelización, educación, vestido y proveer todo en cuanto a su bienestar material y espiritual. Por su parte, el corregidor de indios es la persona que se encarga de representarlo en la legislación común “los blancos” en los pleitos o juicios, pero también procura por su bienestar, evangelización y seguridad. Por ejemplo, mediaban ante el caso de algún abuso o queja del cura doctrinero o de algún blanco que se apropie de un terreno que pertenece a la comunidad. Finalmente, el protector de los naturales es una especie de procurador, es un funcionario público destinado también a preservar y defender los derechos y fueros de las comunidades indígenas.

[8] Estaba en juego el sistema de gobierno garantista frente a un sistema liberal que muchos no entendían, en particular las atribuciones abstractas que solo circulan en un sector minoritario de la población, por ejemplo, quienes habían estudiado y podían comprender todos estos conceptos de la ilustración. Por el contrario, en las zonas rurales, donde predominaban los mestizos, esclavos e indios dedicados a la minería, mazamorreo y agricultura el apoyo al rey fue mayor. Jaime SIERRA GARCÍA, “Independencia de Antioquia…”, p. 92.

[9] Por esto se observa la presencia de pueblos originarios en las filas del ejército realista desde inicios de la revolución. Pero también, pueblos como los Matuna, Mamatoco, Bonda, Chita, Inzá, Guajira, Pasto, Ciénaga, Gaira, Natagaima, Tópaga, Paniquitá, Quillacingas y Totoró, se destacaron como los principales contribuyentes en donativos, abastos y pertrechos para sostener la resistencia realista.




lunes, 13 de noviembre de 2023

La dimensión internacional de la guerra de independencia de Colombia

Sin duda, los procesos de emancipación que se produjeron a inicios del siglo XIX en el continente americano fueron conflictos más amplios, en los que no sólo intervinieron los factores internacionales, sino también un entramado de actores como los banqueros, comerciantes, políticos, militares y mercenarios extranjeros. 

La historiografía patriota y nacionalista ha realizado una lectura más limitada y localista de estos hechos y por esto el fenómeno no se abordó en toda su magnitud y complejidad. Esta es la razón por la que desde el punto de vista internacional comienza a tener sentido la manera en que se llevó a cabo una empresa de semejantes proporciones. 

Si bien este asunto ya se había tratado con anterioridad, se había hecho de forma inconexa, a modo de grandes subtemas como la participación de brazos, armas y pertrechos desde el extranjero; la financiación internacional de las guerras de Independencia; las deudas externas de los países americanos; la diplomacia internacional; el papel de las compañías extranjeras en este territorio, entre otros.

Pero fue gracias a la investigación de John Alejandro Ricaurte que todos estos fenómenos aislados toman sentido para formar parte de un todo. Para este autor fue determinante el apoyo extranjero a la Independencia de varios países suramericanos[1]. Para este autor es fundamental analizar el papel asumido por actores tan importantes como las potencias extranjeras, desentrañar el rol jugado por los capitalistas internacionales (banqueros, financistas, casas comerciales y negociantes particulares), esclarecer cuáles fueron sus fines prioritarios y determinar la importancia de los grupos mercenarios, su procedencia, composición, número, organización y acciones.

Otros autores como Anthony McFarlane[2] y Mathew Brown[3] ya había mencionado este asunto, sin embargo, le habían dado poca importancia a la participación extranjera en la Independencia, a la financiación del conflicto y a la injerencia de las potencias extranjeras. Es así como esta línea de investigación abierta por John Alejandro Ricaurte Cartagena puede aportar a la comprensión de los procesos emancipatorios suramericanos.



[1] Cartagena, Ricaurte; Alejandro, John (2019). La dimensión internacional en la Guerra de la Independencia de Colombia (1814-1824). Potencias, capitalistas y mercenarios trasatlánticos. (en inglés). Fondo Editorial ITM.

[2] McFarlane, Anthony (19 de noviembre de 2016). «Relaciones internacionales y guerras coloniales: el contexto internacional de las independencias americanas». TEMPUS Revista en Historia General (4): 256-275.

[3] Brown, Matthew (2010). Aventureros, mercenarios y legiones extranjeras en la independencia de la Gran Colombia. Medellín: Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia/La Carreta.

sábado, 31 de diciembre de 2022

Los nuevos irlandeses


En la actualidad se encuentran nuevos inmigrantes de origen irlandeses que han venido y dejado huellas en la región. El país cuenta con una Embajada de Irlanda que ha servido para realizar acercamientos entre la comunidad y empresas irlandesas.

En el 2019 se inauguró en EAFIT, Medellín, la exposición ‘Los irlandeses en Latinoamérica’ con invitados de la Embajada de Irlanda y la Universidad UCC de Cork y Dublín.

También algunas industrias irlandesas se han radicado en el país como es el caso de la multinacional Smurfit Kappa la cual se hizo dueña de la empresa Cartón Colombia.

A su vez, algunos inmigrantes de origen irlandés se han destacado como el caso de los hermanos Patrick, Jim y Brian Powers, quienes crearon la marca de ron Parce Rum. Esta compañía logró recibir el primer lugar en las competencias de licores Premium más importantes del mundo. Ganaron seis distinciones en el World Spirits Competition en San Francisco en el 2015.

Si bien los Powers son norteamericanos tienen muy claros sus orígenes irlandeses por parte de su padre y antioqueños por parte de su madre. Pero más importante que de mantener sus raíces con Irlanda es la conexión y aportes que han hecho a la región: uno de estos hermanos, Patrick, en sus tiempos libres entrena con la Selección de Antioquia de Béisbol destacándose además del mercado de licores en el deporte.


Otra historia de irlandeses en Antioquia la protagoniza Marian Lee. Ella hizo su pregrado en francés e irlandés en la University College Cork. Posteriormente, hizo una maestría en Estudios Americanos en la Université de Haute Bretagne Rennes II. Al finalizar sus estudios, dio clases por un tiempo en Francia hasta que viajó a América Latina para ser docente en Medellín. En esta ciudad enseñó inglés en un colegio público de Belén y actualmente atiende a turistas extranjeros en algunas ciudades del país en inglés, castellano y francés.

John Daniel Collins es un norteamericano que hace notar siempre que tiene oportunidad que sus antepasados son de origen irlandeses. En Medellín es editor de la Revista Cultura Viva, la cual además de reflejar temas de historia, cultura y sociedad, por ser bilingüe, pretende enseñar el idioma inglés a sus lectores.

Por su parte, Rebecca Winckworth es una cantante irlandesa que durante la pandemia se hizo conocida por entonar melodías a sus vecinos del barrio El Poblado. Interpretaciones que en su momento eran bien recibidas con fuertes y conmovedores aplausos.

Además de ello, Rebecca es una enamorada de Medellín. En sus redes sociales destaca y promociona los sitios turísticos y culturales más importantes: la Comuna 13, el barrio el Poblado, el centro de la ciudad, entre otros atractivos turísticos importantes.

Rebecca ha participado de proyectos musicales en el Reino Unido y se interesa por las causas sociales, lidera iniciativas de liderazgo económica y social que contribuyen al bienestar de los habitantes de Antioquia.

Edward Patrick Duignan es irlandés, su profesión es ilustrador y se enamoró de una antioqueña nacida en el municipio de Jericó. Afirma que llegó a Medellín por error al subirse al vuelo equivocado. Lo cierto es que estando en esta ciudad se quedó y se dedicó a mostrar su arte. Radicado en Jericó pinta sus paisajes verdes y floreados, campesinos, café y la historia de la Santa Madre Laura Montoya. 

En otras noticias no tan positivas los periódicos de la ciudad registraron los decesos en Antioquia en extrañas circunstancias de dos irlandeses: se trata de Joseph Francis Moore (55 años) y James Hillis (40 años).

Para concluir, han sido muy beneficiosas, cultural, económica y socialmente, la llegada de estos nuevos irlandeses a Antioquia que fundaron empresas, familias y proyectos en la región los cuales impactaron de manera positiva a los habitantes de este territorio. 

Vale la pena mencionar que este texto está en construcción, así que cualquier aporte es bienvenido dejando un comentario en este mismo medio o escribiendo al correo johnaricaurteca@gmail.com


Autor: John Ricaurte

domingo, 6 de noviembre de 2022

The Irish in Colombia and Antioquia

 

The Irish in Colombia and Antioquia

The presence and impact of the Irish in Latin America dates back to the era of Spanish rule; throughout various historical periods, the Irish travelled to the Iberian Peninsula and from there to the Americas, joining expeditions centred around colonisation, trade, military pursuits and administration.

In the Archivo de Indias archive in Seville, within the files for Nueva Granada, we find people with Castilian surnames but who are registered as Irish, such as Simon Ruiz and Guillermo Leon, and others with Irish surnames that have been adapted to the Spanish language, such as Juan de la Espada (Swords). In addition, we find evidence of other Irish people that participated in local government and society, such as Stephen Bodquin (a treasurer in Santa Marta), Miguel Nagle (Mayor of Buga), Patricio Warnes (a businessman in Cartagena) and settled families such as married couple Cornelio and Maria Neil. In addition, women like Beatriz O'Donnell, daughter of Irish citizens Joseph O'Donnell and Isabel Bolton (who was wife of Viceroy Carrion and daughter of Enrique Bolton and Maria Sutton, both born in Wexford) are also to be found in the records.

Darien

The Irish had a particularly important impact on the colonisation of Darien (by the Gulf of Uraba) in 1788. Here, 64 families and 50 single people who had come from North America decided to settle, and they were joined by more families from inland Colombia. Of these families, 28 were of Irish origin, which shows their numerical importance and value as an emerging social group within the Hispanic world.


Independence campaign and its aftermath


There is no doubt that the greatest contributions of the Irish to Colombia occurred during the independence campaigns; to understand their impact, one only needs to look at the list of the 6,808 participating Europeans drawn up by the researcher Matthew Brown. Of these, Irish people represented 48% - in other words, more than 3,000 Irish people fought to bring freedom to Colombia.

These Irish soldiers mainly arrived to Colombian shores as part of the Irish Legion, which boasted famous officers like Casey, Devereux, Egan, Ferguson, Foley, Lanagan, Rooke, Larkin, McCarthy, Murphy, O’Leary, O’Connell, O’Connor and Sanders. But they were also present in the British Legion, as well as the Albión, Carabobo and Rifles battalions, the Húsares cavalry regiments, and in various other units of Bolívar’s armies. For example, in the Rifles batallion, which was noted for its courage and dedication in combat, most of the officers were Irish: Ferguson, Frin, MacGuire, O'Reilly, Sandes and Trim, among others.

Once the wars of independence ended, a large proportion of these men are thought to have remained in Colombian and joined the national army. Others abandoned the military life and integrated into society as businessmen, traders, musicians, doctors, poets, miners and settlers.

Particularly noteworthy are cases of travellers like Joseph Brown and William Duane, who both wrote of their impressions of Colombian society, culture and geography in their memoirs; businessmen like Federico O'Byrne, the founder of agricultural companies in Cauca; Diego Davison, from Dublin, a businessman in the salt industry, who in 1855 obtained three patents for his inventions; and the brothers Eduardo and Paul Nicholls Hughes, who founded a beer company in Antioquia in 1858.

They were fully integrated into their host societies, and indeed many Irishmen became a very important part of them: prime examples include doctors like Lucius Davoren, Thomas Fallon, Jorge Williamson Troop, Guillermo McEwen, Hugo Blair and William Porter Smith; businessmen like Juan Conquet, John Farrell, James Duncan and Enrique Higgins; and miners like the Davis, Fitzgerald, Glullans, Kenedy, and Nicholls families.

We also find men of the arts, including poets and intellectuals who descended from Irish citizens: José Joaquín Ortiz, grandson of Pedro Nagle, born in Waterford; Professor Gabriel Didimedom Hall, son of Irishwoman Anna Hall; Diego Fallon, son of the naturalist Thomas Fallon (in fact, a town in Tolima is named "Falan" in honour of his surname), and Rafael Pombo, grandson of Beatriz O'Donnell, who was a relative of the Irish nationalist hero Red Hugh O´Donnell.


Antioquia

The relationship of the Antioquia region with the Irish was different from that of the rest of Colombia, as this territory was not the scene of the great battles that were fought during the independence campaign. The only major skirmish in Antioquia in which the Irish participated was the battle of El Santuario in 1829. This occurred when Bolívar mobilised an army division under the command of the Irish general Daniel Florence O'Leary, with the purpose of defeating the rebellion organised by Antioquian José María Córdova. This division was made up of four sections commanded by the Italian Castelli, the German Lutzow, the Englishman Crofton and the Irishman Guillermo Fergusson. It was O'Leary himself who captured General Córdova, and one of his subordinates, Rupert Hand, also Irish, who fatally wounded the Antioquian hero. After this battle, besides Commanders O'Leary and Fergusson, the Irish officers Hand, O´Caw and Murray were decorated for their efforts.

Due to episodes like this, the Irish were not necessarily viewed in a positive light in the Antioquia region; however, the situation changed as more people of Irish origin arrived, forming families and companies and contributing to Antioquian society in sectors such as medicine, music and engineering. Doctors like Hugo Blair Brown, born in Donegal; Jorge Williamson Troop, from Dublin, hired in the Marmato mines and based in Rionegro; and the Irishman Fergusson, who also practiced medicine in Medellín.

Without a doubt, the economic sector in which the Irish participated the most in Antioquia was mining, they formed a number of small mining colonies in the north and south of Antioquia. In the mid-19th century, the English miner Tyrell Moore presented to the State of Antioquia a project that involved 200 families from Ireland settling in the area of Norte y Bajo Cauca. The proposal apparently garnered no local support, and other logistical problems prevented its completion. Although perhaps not to the extent envisaged by Moore, in this area we can nonetheless find strong evidence of an Irish presence, especially in Santa Rosa, a town where the miners Juan Kennedy, Ricardo Glullans and Carolina Tracy settled. The latter came with another young Irish woman, about whom we have no further information.

However, the largest such mining colony was established to the south of Antioquia, around towns such as Marmato and Supía. Among the hundreds of British, French, German and Swedish miners who lived in these communities, we also find some Irish names such as Eduardo MacAllister, Joseph Raphson, Nicolas Fitzgerald, Juan O'Byrne, David Davis and the Nicholls.

In western Antioquia, we also find people of Irish descent, such as Martin Nuget, a civil engineer who drew up a geographical map of Urabá in 1846, and Edward Cullen, a doctor and member of the Royal Geographical Society of London, who was in charge of drawing up the plans for the transoceanic canal project.

In the north-west of the province, we see some Irish people linked to the construction of the Antioquia railway, a company that since its beginnings has employed immigrant technicians, operators and other workers, most of them from the United States - as Francisco Cisneros, Director of the railway, was American. Among the railway employees, we can identify Irish roots in the names of engineers such as James Doyle, John Stack, the brothers John and Jeremias Dorgan, George Butler and John Daugherty.

Other Irish people present in Antioquia at that time were: Juan O'Brien, Víctor Cork and David Davison, as well as others carrying surnames such as O'Byrne, O´Donnel, O'Sullivan and Tracy – though these surnames soon died out, as they were carried only by women: Cecilia O´Donnel, Carolina Tracy and Marie O'Sullivan.

The Irish phenomenon has been highlighted in dozens of literary and academic works, of which some of the most important are: Irish Blood in Antioquia (Sangre irlandesa en Antioquia), by Aquiles Echeverri, an author of Irish descent; The Mysteries of the Mines (Los místeres de las minas) by Álvaro Gartner, and El Santuario: Global History of a Battle (El Santuario: Historia global de una batalla) by Matthew Brown.

The above research shows that Irish immigration has had a significant impact on Colombia, with its footprint shaping an important part of Colombia’s past and its historical and cultural heritage.


The above text was drafted by in Spanish by Antioquian historian John Alejandro Ricaurte, whose research specialities include the part played by foreigners in the struggle for Colombian independence. His most recent publication, La Dimensión Internacional en las Guerras de Independencia de Colombia (The Foreign Dimension in Colombia’s Independence wars), contains more information on the role of the Irish in this context. (Twitter: @JohnAle06977018, Instagram: johnalejandroricaurte, Facebook: Alejandro Ricaurte Historiador).