Antioquia un lugar maravilloso

Antioquia, tierra mágica y generosa ubicada estratégicamente en la esquina nor-occidental suramericana, llena de historias asombrosas y gente admirable.

viernes, 2 de febrero de 2024

Los indios realistas en la provincia de Antioquia, parte 1

Como fruto del contacto, interacción y fusión del mundo europeo con el aborigen, en un proceso de miscegenación que se extendió por más de 300 años, América se convirtió, en términos de Vasconcelos, en el continente síntesis: una suerte de ecúmene universal destinada a absorber en armonía y fraternidad la esencia, alma, imaginación, carácter y personalidad de las distintas razas del mundo[1].

En América coexistieron todas estas realidades étnicas, culturales, raciales y lingüísticas dentro de una misma estructura estatal, caracterizada por su diversidad social, orden jurídico plural y tradición pactista. La misma que actuó como garantía de derechos y respeto de los fueros de las distintas comunidades políticas. Se trata de una especie de orden civilizador que en su devenir histórico logró extender sus dominios en distintas latitudes del globo y conexionar pueblos, castas, religiones, idiosincrasias y cosmovisiones disímiles. 

Sin duda, los indígenas constituían uno de los estamentos más importantes dentro del sistema político, administrativo y social implantado en América por los españoles. En parte, gracias a su carácter ancestral (pueblos originarios) y estatus de protección que brindó la Corona y las instituciones virreinales a aquellas naciones con las que sellaron alianzas, convenios de cooperación y relaciones de vasallaje [2]. Ello explicaría por qué los indios fueron uno de los grupos sociales que mayoritariamente se movilizó en defensa del rey, precisamente, por la intención de mantener sus privilegios, pactos, leyes y gobernanza.

Pese a que el fenómeno del realismo indígena se puede evidenciar en la documentación de la época, la historiografía hizo lo posible por ignorar a este sector poblacional dentro del bloque monárquico. Solo se mencionaron los casos de las provincias de Popayán, Cauca y Santa Marta casi que como los únicos sitios donde hubo oposición, resistencia y enfrentamiento indígena contra la República y su ímpetu reformador. Aunque hay que anotar que en la mayoría de estos trabajos argumentaron que el realismo nativo se debió a que habían sido engañados por los españoles (corregidores, encomenderos, autoridades eclesiásticas y funcionarios), siendo su decisión propia de un pueblo atrasado, ingenuo, ignorante, tradicionalista, supersticioso, sin educación y resistente al cambio[3].

Poco se conoce sobre el contexto de la lucha contrarrevolucionaria indígena en otras provincias del virreinato neogranadino (de recién creación en el siglo XVIII), apenas existen trabajos que mencionan su presencia y actuación. En el caso particular de la provincia de Antioquia, es posible que uno de los factores que influyó en la invisibilidad de este sector fue la existencia de una narrativa imprecisa, pero bien instalada, que indicó que los antioqueños abrazaron en masa la idea de Independencia. Discurso que sin embargo, tiende a cambiar con la existencia de nuevos trabajos y formas de abordar las fuentes y documentos[4].

Lo cierto es que este fenómeno (el realismo indio) fue endémico en el territorio, toda vez que la revolución liberal colisionó contra los intereses de este sector tradicionalmente amparado por la monarquía hispánica. De ahí que su principal interés fue mantener el sistema histórico, corporativista y comunal indiano donde tenían posibilidades de conservar su autonomía, jerarquía social, identidad, etnicidad y cohesión. Todo ello, refrendado por una garantía de derechos representados en una legislación corporal llamada Leyes de Indias, que dio cobijo a este colectivo en un régimen de protección singular y único[5].

A su vez, las nuevas leyes trajeron nociones radicalmente opuestas a su sistema y creencias: en particular, los principios de igualdad, ciudadanía, individuo y propiedad privada. Sobre éste último, es necesario anotar que sus tierras ancestrales, que representaba para ellos un sustento y forma de vida, fueron repartidas, enajenadas y vendidas. Además, se les autorizó convertirse en propietarios, pero restringiendo la posibilidad de venta de sus posesiones por espacio de ocho años, hasta que “aprendieran a apreciarlas”. Esto demolía radicalmente la visión gregaria, simbólica y cultural que mantenían en asuntos como la tenencia, explotación y negociación del suelo dado que para ellos la tierra era un derecho hereditario, comunal e inalienable.

También es cierto que la abolición de los resguardos impactó negativamente el sistema fiscal indígena pues, aunque fueron exentos de algunos impuestos del régimen antiguo, se les aplicaron nuevas cargas impositivas (de tipo liberal) y permanentemente se les solicitó contribuciones en alimentos, ropas y alojamiento para las tropas independentistas. Además, los tributos destinados a la Iglesia como fiestas, procesiones, octavarios, aguinaldos y funerales se dejaron a voluntad, pero se generaron otros gravámenes de tipo religioso como los casamientos, entierros e impuestos anuales de primicias y novenos.

De otro lado, a los solteros entre 18 y 45 años se les obligó a prestar el servicio militar y realizar trabajos forzados, se les dio la potestad de escoger profesiones liberales y la autorización de casarse libremente –incluso celebrar matrimonios interraciales–. Con el ánimo de que absorbieran la pedagogía republicana (estar prestos al cambio), se ordenó construir escuelas, instando a las comunidades religiosas y jueces de la República a contribuir con su educación (en agricultura y minería) y ayudarlos a abandonar “vicios” como el alcoholismo y la vagancia.

Conjuntamente, el nuevo régimen atentó contra su cosmovisión, organización estamental, concepción étnico-territorial y estructura social: en un sistema que creía plenamente en la existencia de un orden diferenciado por castas, jerarquías y roles[6]. Por ejemplo, su autoridad estaba representada por el gobernador de indios, los alcaldes y alguaciles, cargos que, aunque símiles a los de los municipios o ayuntamientos de “blancos”, tenían particularidades como la potestad de impartir la justicia local.

Igualmente, la supresión de los curas doctrineros, corregidores y protectores impactó negativamente sus comunidades dado que para relacionarse con la jurisprudencia de los “blancos”, sea de la adscripción territorial a la que pertenecían o del Estado, precisaban de estos actores intermediarios[7]. De manera que estos cambios introducidos por la modernidad, fueron duramente cuestionadas por las comunidades indígenas ya que representaba un cambio incierto que amenazaba con abolir los resguardos, suprimir los tributos, vender sus tierras y condenarlos a la ebriedad, holgazanería y demás vicios que les fueron atribuidos[8].

Por lo anterior, no fue extraño que los indios tomaran las armas para defender sus privilegios y derechos cuando éstos se vieron amenazados. Se trataba de escoger entre apoyar a una monarquía paternalista, garantista y pactista que básicamente legislaba en su favor o la revolución representada en la ambición de los criollos[9]. Este es el caso de Antioquia, provincia en la que algunos pueblos de indios dieron muestras de afecto y gratitud hacia el rey bajo una resistencia simbólica, pero también belicista como se verá a continuación.

 Extracto tomado del libro de John Alejandro Ricaurte Cartagena titulado "Hasta los gallinazos tienen rey". Guerrillas contrarrevolucionarias en la provincia española de Antioquia (1813-1830).



[1] José Vasconcelos. La raza cósmica: Misión de la raza iberoamericana. Editorial Verbum. 2021.

[2] Hay que reconocer que el paso europeo de la fase de poblamiento antillana a la continental produjo relaciones de paz y de guerra con los aborígenes, en una etapa de exploración y reconocimiento territorial que derivó en un proceso de conquista y poblamiento de la masa continental americana. En este periodo se encontraron con pueblos hostiles, territoriales y belicosos, pero también con otros interesados en realizar tratados de amistad y comercio: generalmente comunidades sometidas que querían salir de una relación de dependencia frente a un sistema social, político y religioso adverso e injusto a sus intereses.

[3] La historiografía muestra como si los españoles (corregidores, doctrineros, comerciantes y gobernadores) hubieran engañado a los indios: una población que se creía atrasada, tradicionalista y políticamente ignorante. Sin embargo, existen otras visiones más equilibradas que muestran que los pueblos originarios se levantaron contra la República por diversos motivos e intereses.  

[4] En ellos se observan individuos, familias y otros colectivos sociales como el caso de los indígenas, campesinos y esclavos luchando hasta el último momento por la restitución de los derechos, privilegios estamentales y fueros otorgados por el rey.

[5] Desde inicios la real audiencia tenían como uno de sus principales deberes la protección de los indios, por ello, la República liberal representaba para estos sectores tradicionalistas un choque contra sus intereses colectivos, pues habían sido amparados y protegidos por la corona, y tenían una legislación especial (Leyes de Indias) donde se reglamentaron garantías como el tributo, trabajo de ocho horas, descanso semanal y vacaciones, entre otros..

[6] El sistema español lo que hizo fue reproducir esas mismas sociedades y mantenerlas dentro de sus ámbitos naturales, ofreciendo garantías de derechos en sus sistemas de legislación.

[7] El cura doctrinero es el encargado del cuidado, evangelización, educación, vestido y proveer todo en cuanto a su bienestar material y espiritual. Por su parte, el corregidor de indios es la persona que se encarga de representarlo en la legislación común “los blancos” en los pleitos o juicios, pero también procura por su bienestar, evangelización y seguridad. Por ejemplo, mediaban ante el caso de algún abuso o queja del cura doctrinero o de algún blanco que se apropie de un terreno que pertenece a la comunidad. Finalmente, el protector de los naturales es una especie de procurador, es un funcionario público destinado también a preservar y defender los derechos y fueros de las comunidades indígenas.

[8] Estaba en juego el sistema de gobierno garantista frente a un sistema liberal que muchos no entendían, en particular las atribuciones abstractas que solo circulan en un sector minoritario de la población, por ejemplo, quienes habían estudiado y podían comprender todos estos conceptos de la ilustración. Por el contrario, en las zonas rurales, donde predominaban los mestizos, esclavos e indios dedicados a la minería, mazamorreo y agricultura el apoyo al rey fue mayor. Jaime SIERRA GARCÍA, “Independencia de Antioquia…”, p. 92.

[9] Por esto se observa la presencia de pueblos originarios en las filas del ejército realista desde inicios de la revolución. Pero también, pueblos como los Matuna, Mamatoco, Bonda, Chita, Inzá, Guajira, Pasto, Ciénaga, Gaira, Natagaima, Tópaga, Paniquitá, Quillacingas y Totoró, se destacaron como los principales contribuyentes en donativos, abastos y pertrechos para sostener la resistencia realista.




lunes, 13 de noviembre de 2023

La dimensión internacional de la guerra de independencia de Colombia

Sin duda, los procesos de emancipación que se produjeron a inicios del siglo XIX en el continente americano fueron conflictos más amplios, en los que no sólo intervinieron los factores internacionales, sino también un entramado de actores como los banqueros, comerciantes, políticos, militares y mercenarios extranjeros. 

La historiografía patriota y nacionalista ha realizado una lectura más limitada y localista de estos hechos y por esto el fenómeno no se abordó en toda su magnitud y complejidad. Esta es la razón por la que desde el punto de vista internacional comienza a tener sentido la manera en que se llevó a cabo una empresa de semejantes proporciones. 

Si bien este asunto ya se había tratado con anterioridad, se había hecho de forma inconexa, a modo de grandes subtemas como la participación de brazos, armas y pertrechos desde el extranjero; la financiación internacional de las guerras de Independencia; las deudas externas de los países americanos; la diplomacia internacional; el papel de las compañías extranjeras en este territorio, entre otros.

Pero fue gracias a la investigación de John Alejandro Ricaurte que todos estos fenómenos aislados toman sentido para formar parte de un todo. Para este autor fue determinante el apoyo extranjero a la Independencia de varios países suramericanos[1]. Para este autor es fundamental analizar el papel asumido por actores tan importantes como las potencias extranjeras, desentrañar el rol jugado por los capitalistas internacionales (banqueros, financistas, casas comerciales y negociantes particulares), esclarecer cuáles fueron sus fines prioritarios y determinar la importancia de los grupos mercenarios, su procedencia, composición, número, organización y acciones.

Otros autores como Anthony McFarlane[2] y Mathew Brown[3] ya había mencionado este asunto, sin embargo, le habían dado poca importancia a la participación extranjera en la Independencia, a la financiación del conflicto y a la injerencia de las potencias extranjeras. Es así como esta línea de investigación abierta por John Alejandro Ricaurte Cartagena puede aportar a la comprensión de los procesos emancipatorios suramericanos.



[1] Cartagena, Ricaurte; Alejandro, John (2019). La dimensión internacional en la Guerra de la Independencia de Colombia (1814-1824). Potencias, capitalistas y mercenarios trasatlánticos. (en inglés). Fondo Editorial ITM.

[2] McFarlane, Anthony (19 de noviembre de 2016). «Relaciones internacionales y guerras coloniales: el contexto internacional de las independencias americanas». TEMPUS Revista en Historia General (4): 256-275.

[3] Brown, Matthew (2010). Aventureros, mercenarios y legiones extranjeras en la independencia de la Gran Colombia. Medellín: Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia/La Carreta.

sábado, 31 de diciembre de 2022

Los nuevos irlandeses


En la actualidad se encuentran nuevos inmigrantes de origen irlandeses que han venido y dejado huellas en la región. El país cuenta con una Embajada de Irlanda que ha servido para realizar acercamientos entre la comunidad y empresas irlandesas.

En el 2019 se inauguró en EAFIT, Medellín, la exposición ‘Los irlandeses en Latinoamérica’ con invitados de la Embajada de Irlanda y la Universidad UCC de Cork y Dublín.

También algunas industrias irlandesas se han radicado en el país como es el caso de la multinacional Smurfit Kappa la cual se hizo dueña de la empresa Cartón Colombia.

A su vez, algunos inmigrantes de origen irlandés se han destacado como el caso de los hermanos Patrick, Jim y Brian Powers, quienes crearon la marca de ron Parce Rum. Esta compañía logró recibir el primer lugar en las competencias de licores Premium más importantes del mundo. Ganaron seis distinciones en el World Spirits Competition en San Francisco en el 2015.

Si bien los Powers son norteamericanos tienen muy claros sus orígenes irlandeses por parte de su padre y antioqueños por parte de su madre. Pero más importante que de mantener sus raíces con Irlanda es la conexión y aportes que han hecho a la región: uno de estos hermanos, Patrick, en sus tiempos libres entrena con la Selección de Antioquia de Béisbol destacándose además del mercado de licores en el deporte.


Otra historia de irlandeses en Antioquia la protagoniza Marian Lee. Ella hizo su pregrado en francés e irlandés en la University College Cork. Posteriormente, hizo una maestría en Estudios Americanos en la Université de Haute Bretagne Rennes II. Al finalizar sus estudios, dio clases por un tiempo en Francia hasta que viajó a América Latina para ser docente en Medellín. En esta ciudad enseñó inglés en un colegio público de Belén y actualmente atiende a turistas extranjeros en algunas ciudades del país en inglés, castellano y francés.

John Daniel Collins es un norteamericano que hace notar siempre que tiene oportunidad que sus antepasados son de origen irlandeses. En Medellín es editor de la Revista Cultura Viva, la cual además de reflejar temas de historia, cultura y sociedad, por ser bilingüe, pretende enseñar el idioma inglés a sus lectores.

Por su parte, Rebecca Winckworth es una cantante irlandesa que durante la pandemia se hizo conocida por entonar melodías a sus vecinos del barrio El Poblado. Interpretaciones que en su momento eran bien recibidas con fuertes y conmovedores aplausos.

Además de ello, Rebecca es una enamorada de Medellín. En sus redes sociales destaca y promociona los sitios turísticos y culturales más importantes: la Comuna 13, el barrio el Poblado, el centro de la ciudad, entre otros atractivos turísticos importantes.

Rebecca ha participado de proyectos musicales en el Reino Unido y se interesa por las causas sociales, lidera iniciativas de liderazgo económica y social que contribuyen al bienestar de los habitantes de Antioquia.

Edward Patrick Duignan es irlandés, su profesión es ilustrador y se enamoró de una antioqueña nacida en el municipio de Jericó. Afirma que llegó a Medellín por error al subirse al vuelo equivocado. Lo cierto es que estando en esta ciudad se quedó y se dedicó a mostrar su arte. Radicado en Jericó pinta sus paisajes verdes y floreados, campesinos, café y la historia de la Santa Madre Laura Montoya. 

En otras noticias no tan positivas los periódicos de la ciudad registraron los decesos en Antioquia en extrañas circunstancias de dos irlandeses: se trata de Joseph Francis Moore (55 años) y James Hillis (40 años).

Para concluir, han sido muy beneficiosas, cultural, económica y socialmente, la llegada de estos nuevos irlandeses a Antioquia que fundaron empresas, familias y proyectos en la región los cuales impactaron de manera positiva a los habitantes de este territorio. 

Vale la pena mencionar que este texto está en construcción, así que cualquier aporte es bienvenido dejando un comentario en este mismo medio o escribiendo al correo johnaricaurteca@gmail.com


Autor: John Ricaurte

domingo, 6 de noviembre de 2022

The Irish in Colombia and Antioquia

 

The Irish in Colombia and Antioquia

The presence and impact of the Irish in Latin America dates back to the era of Spanish rule; throughout various historical periods, the Irish travelled to the Iberian Peninsula and from there to the Americas, joining expeditions centred around colonisation, trade, military pursuits and administration.

In the Archivo de Indias archive in Seville, within the files for Nueva Granada, we find people with Castilian surnames but who are registered as Irish, such as Simon Ruiz and Guillermo Leon, and others with Irish surnames that have been adapted to the Spanish language, such as Juan de la Espada (Swords). In addition, we find evidence of other Irish people that participated in local government and society, such as Stephen Bodquin (a treasurer in Santa Marta), Miguel Nagle (Mayor of Buga), Patricio Warnes (a businessman in Cartagena) and settled families such as married couple Cornelio and Maria Neil. In addition, women like Beatriz O'Donnell, daughter of Irish citizens Joseph O'Donnell and Isabel Bolton (who was wife of Viceroy Carrion and daughter of Enrique Bolton and Maria Sutton, both born in Wexford) are also to be found in the records.

Darien

The Irish had a particularly important impact on the colonisation of Darien (by the Gulf of Uraba) in 1788. Here, 64 families and 50 single people who had come from North America decided to settle, and they were joined by more families from inland Colombia. Of these families, 28 were of Irish origin, which shows their numerical importance and value as an emerging social group within the Hispanic world.


Independence campaign and its aftermath


There is no doubt that the greatest contributions of the Irish to Colombia occurred during the independence campaigns; to understand their impact, one only needs to look at the list of the 6,808 participating Europeans drawn up by the researcher Matthew Brown. Of these, Irish people represented 48% - in other words, more than 3,000 Irish people fought to bring freedom to Colombia.

These Irish soldiers mainly arrived to Colombian shores as part of the Irish Legion, which boasted famous officers like Casey, Devereux, Egan, Ferguson, Foley, Lanagan, Rooke, Larkin, McCarthy, Murphy, O’Leary, O’Connell, O’Connor and Sanders. But they were also present in the British Legion, as well as the Albión, Carabobo and Rifles battalions, the Húsares cavalry regiments, and in various other units of Bolívar’s armies. For example, in the Rifles batallion, which was noted for its courage and dedication in combat, most of the officers were Irish: Ferguson, Frin, MacGuire, O'Reilly, Sandes and Trim, among others.

Once the wars of independence ended, a large proportion of these men are thought to have remained in Colombian and joined the national army. Others abandoned the military life and integrated into society as businessmen, traders, musicians, doctors, poets, miners and settlers.

Particularly noteworthy are cases of travellers like Joseph Brown and William Duane, who both wrote of their impressions of Colombian society, culture and geography in their memoirs; businessmen like Federico O'Byrne, the founder of agricultural companies in Cauca; Diego Davison, from Dublin, a businessman in the salt industry, who in 1855 obtained three patents for his inventions; and the brothers Eduardo and Paul Nicholls Hughes, who founded a beer company in Antioquia in 1858.

They were fully integrated into their host societies, and indeed many Irishmen became a very important part of them: prime examples include doctors like Lucius Davoren, Thomas Fallon, Jorge Williamson Troop, Guillermo McEwen, Hugo Blair and William Porter Smith; businessmen like Juan Conquet, John Farrell, James Duncan and Enrique Higgins; and miners like the Davis, Fitzgerald, Glullans, Kenedy, and Nicholls families.

We also find men of the arts, including poets and intellectuals who descended from Irish citizens: José Joaquín Ortiz, grandson of Pedro Nagle, born in Waterford; Professor Gabriel Didimedom Hall, son of Irishwoman Anna Hall; Diego Fallon, son of the naturalist Thomas Fallon (in fact, a town in Tolima is named "Falan" in honour of his surname), and Rafael Pombo, grandson of Beatriz O'Donnell, who was a relative of the Irish nationalist hero Red Hugh O´Donnell.


Antioquia

The relationship of the Antioquia region with the Irish was different from that of the rest of Colombia, as this territory was not the scene of the great battles that were fought during the independence campaign. The only major skirmish in Antioquia in which the Irish participated was the battle of El Santuario in 1829. This occurred when Bolívar mobilised an army division under the command of the Irish general Daniel Florence O'Leary, with the purpose of defeating the rebellion organised by Antioquian José María Córdova. This division was made up of four sections commanded by the Italian Castelli, the German Lutzow, the Englishman Crofton and the Irishman Guillermo Fergusson. It was O'Leary himself who captured General Córdova, and one of his subordinates, Rupert Hand, also Irish, who fatally wounded the Antioquian hero. After this battle, besides Commanders O'Leary and Fergusson, the Irish officers Hand, O´Caw and Murray were decorated for their efforts.

Due to episodes like this, the Irish were not necessarily viewed in a positive light in the Antioquia region; however, the situation changed as more people of Irish origin arrived, forming families and companies and contributing to Antioquian society in sectors such as medicine, music and engineering. Doctors like Hugo Blair Brown, born in Donegal; Jorge Williamson Troop, from Dublin, hired in the Marmato mines and based in Rionegro; and the Irishman Fergusson, who also practiced medicine in Medellín.

Without a doubt, the economic sector in which the Irish participated the most in Antioquia was mining, they formed a number of small mining colonies in the north and south of Antioquia. In the mid-19th century, the English miner Tyrell Moore presented to the State of Antioquia a project that involved 200 families from Ireland settling in the area of Norte y Bajo Cauca. The proposal apparently garnered no local support, and other logistical problems prevented its completion. Although perhaps not to the extent envisaged by Moore, in this area we can nonetheless find strong evidence of an Irish presence, especially in Santa Rosa, a town where the miners Juan Kennedy, Ricardo Glullans and Carolina Tracy settled. The latter came with another young Irish woman, about whom we have no further information.

However, the largest such mining colony was established to the south of Antioquia, around towns such as Marmato and Supía. Among the hundreds of British, French, German and Swedish miners who lived in these communities, we also find some Irish names such as Eduardo MacAllister, Joseph Raphson, Nicolas Fitzgerald, Juan O'Byrne, David Davis and the Nicholls.

In western Antioquia, we also find people of Irish descent, such as Martin Nuget, a civil engineer who drew up a geographical map of Urabá in 1846, and Edward Cullen, a doctor and member of the Royal Geographical Society of London, who was in charge of drawing up the plans for the transoceanic canal project.

In the north-west of the province, we see some Irish people linked to the construction of the Antioquia railway, a company that since its beginnings has employed immigrant technicians, operators and other workers, most of them from the United States - as Francisco Cisneros, Director of the railway, was American. Among the railway employees, we can identify Irish roots in the names of engineers such as James Doyle, John Stack, the brothers John and Jeremias Dorgan, George Butler and John Daugherty.

Other Irish people present in Antioquia at that time were: Juan O'Brien, Víctor Cork and David Davison, as well as others carrying surnames such as O'Byrne, O´Donnel, O'Sullivan and Tracy – though these surnames soon died out, as they were carried only by women: Cecilia O´Donnel, Carolina Tracy and Marie O'Sullivan.

The Irish phenomenon has been highlighted in dozens of literary and academic works, of which some of the most important are: Irish Blood in Antioquia (Sangre irlandesa en Antioquia), by Aquiles Echeverri, an author of Irish descent; The Mysteries of the Mines (Los místeres de las minas) by Álvaro Gartner, and El Santuario: Global History of a Battle (El Santuario: Historia global de una batalla) by Matthew Brown.

The above research shows that Irish immigration has had a significant impact on Colombia, with its footprint shaping an important part of Colombia’s past and its historical and cultural heritage.


The above text was drafted by in Spanish by Antioquian historian John Alejandro Ricaurte, whose research specialities include the part played by foreigners in the struggle for Colombian independence. His most recent publication, La Dimensión Internacional en las Guerras de Independencia de Colombia (The Foreign Dimension in Colombia’s Independence wars), contains more information on the role of the Irish in this context. (Twitter: @JohnAle06977018, Instagram: johnalejandroricaurte, Facebook: Alejandro Ricaurte Historiador).

miércoles, 12 de octubre de 2022

Reseña biográfica de John Alejandro Ricaurte Cartagena

John Alejandro Ricaurte Cartagena es un investigador, historiador y analista de política internacional nacido en la ciudad de Medellín. Es quien más ha trabajado el fenómeno de la migración transatlántica desde distintas perspectivas, en especial la diáspora vasca y la presencia de extranjeros en Antioquia, Colombia y el hemisferio americano. 

Es experto en el proceso de Independencia hispanoamericano, enfocándose principalmente en aspectos descuidados o poco trabajados por la historiografía tradicional como la resistencia realista (indios, blancos, negros y mestizos), la presencia de mercenarios extranjeros y la dimensión internacional (armas, financiación y apoyos) de las guerras de emancipación.

Es reconocido por sus investigaciones críticas y por ser uno de los pocos historiadores de profesión (formado en universidad o academia) que ha abordado el hispanismo sin complejos y sin caer en leyendas rosas o negras. En particular habla de lograr una verdadera descolonización, insubordinación y soberanía del espacio geopolítico, civilizatorio y de desarrollo denominado Hispanosfera. 

También es conocido por ser el autor de la teoría que demuestra que las guerras de Independencia hispanoamericanas más que procesos aislados, inconexos, locales o domésticos, fueron verdaderas guerras internacionales donde las potencias dominantes y hegemónicas midieron sus fuerzas en la pugna por la configuración de un nuevo orden internacional.

== Vida y obra ==

Nació y creció en Medellín en una familia numerosa, católica y tradicional. Perdió a su padre en un accidente cuando apenas tenía 4 años. Después de este suceso la mitad de su familia emigra a Italia en la década de 1980, conservando desde entonces gran influencia y conexión con aquel país. Se graduó como bachiller en un colegio católico de la ciudad de Medellín fundado por el padre español Lucio Cambero Carnero, de la Orden de San Agustín. Tiempo después realizó estudios técnicos y trabajó en distintas empresas industriales y la industria automotriz hasta el 2004, fecha en que alternó el trabajo con los estudios de Historia en la Universidad de Antioquia. 

Inquietado por los orígenes, desarrollo industrial, económico, cultural y social del pueblo antioqueño, participó este mismo año en la creación del Centro de Estudios Vascos de Antioquia —CEVA, un grupo de investigación fundado en el 2004 para valorar la presencia y huellas que este grupo poblacional había dejado en esta región. 

En el 2005 recibió el título de Experto en Estudios Vascos del curso superior de la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España —UNED y del Instituto JAKINET del País Vasco. Su trabajo de grado se tituló «Los vascos en la vida social y económica de Antioquia durante la época colonial».

Del 2007 al 2012 inició el curso de Euskara (idioma vasco) con el cual viaja cada seis meses a distintos países suramericanos para realizar una inmersión cultural y lingüística. A partir de allí, se dedica a difundir y ser profesor de Euskera en el ámbito universitario y en distintos Centros Vascos del país. 

Se graduó con distinción como historiador en el 2009 con la tesis «Vasco-navarros en Antioquia, 1890 -1970. Una aproximación a la historia de inmigrantes, religiosos y exiliados». Un año más tarde con esta misma obra ganó su primer premio internacional en el 2010, cuando fue galardonado con el Premio Andrés de Irujo a la Investigación sobre la presencia vasca en el exterior. 

En el 2011 viajó a España para cursar sus estudios superiores, iniciando en el Máster Historia de Europa y el Mundo Atlántico: Poder, Cultura y Sociedad, en la Facultad de Filología y Letras de la Universidad del País Vasco, en la ciudad de Vitoria-Gasteiz. 

Durante esta estancia en Europa se la pasó entre España e Italia, este último país donde asistió a varios cursos sobre Historia de los intelectuales del siglo XIX y XX que forjaron la italianidad, dictados por el el profesor Renato Camurri, en el Departamento de Cultura y Civilización de la Universidad de Verona. El profesor italiano tuvo una gran influencia en su obra y pensamiento, pues a partir de allí se dedicó al estudio e investigación de la historia cultural, de las ideas y de los intelectuales en Antioquia.

En el País Vasco su director de tesis fue el reconocido americanista Juan Bosco Amores Carredano, quien aportó conocimientos, experiencia y enfoques sobre los procesos de Independencia hispanoamericanos. Con ello logró concluir su trabajo titulado «Desleales, contrabandistas y conspiradores. Estrategias de los Antioqueños frente a las redes de centralización del poder en la Segunda República (1819-1830)».

Con esta tesis obtuvo en el 2013 un reconocimiento especial por parte del jurado y el título de Magister en Historia de Europa y el Mundo Atlántico: Poder, cultura y sociedad

Su estancia en el País Vasco le permitió una inmersión sobre la cultura, folclor, gastronomía y lengua vasca. La misma que conoció en su natal Antioquia por haberse dedicado mucho tiempo y esfuerzos a la investigación sobre este grupo poblacional que desde tiempos remotos había inmigrado masivamente a la región y habían fundado pueblos, empresas y familias.

Regresa este mismo año a Medellín para dedicarse a la investigación histórica y la gestión de proyectos culturales. Al siguiente año, 2014, inició estudios de doctorado en el Departamento de Derecho Internacional Público, Relaciones Internacionales e Historia del Derecho de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación, en la Universidad del País Vasco, en Leioa, Vizcaya. Su asesor de tesis fue el profesor Alexander Ugalde Zubiri con el que tejió una gran amistad, respeto y aprecio. 

En el 2015 regresó a Europa para adelantar una estancia de investigación en la Universidad del País Vasco, aprovechando la ocasión para viajar a Italia frecuentemente a visitar a su familia. Para el 2016 se encuentra radicado en Medellín y trabaja como docente en la Secretaría de Educación de Envigado. A mediados de este año, se trasladó a la ciudad de Bogotá para dictar las cátedras de historia de la civilización y cultura occidental en la Universidad Sergio Arboleda.

En el 2016 concluye la obra «El ideal de lo vasco en la literatura antioqueña: huellas, mitos y estereotipos», el cual es un ensayo literario, filosófico y antropológico inédito sobre los mitos étnicos que han acompañado a los habitantes de esta región durante el tránsito del Antiguo Régimen a la Modernidad. Se trata de una obra centrada en el papel de los arquetipos, estereotipos y "prototipos" que contribuyeron a la configuración de la personalidad histórica del pueblo antioqueño.

En el 2017 viajó nuevamente a España para defender su tesis doctoral titulada «Incidencia de las dimensiones internacionales en la guerra de independencia de la Nueva Granada (1814-1824)». Con este trabajo de investigación se graduó Cum laude​ como Doctor en Estudios Internacionales en el 2017. Aprovechó la ocasión para viajar a Italia donde vive periódicamente con su familia. 

A su regreso a Medellín obtiene el Premio IDEA a la Investigación histórica de Antioquia por parte del Instituto para el desarrollo de Antioquia por el trabajo de investigación titulado «Hasta los gallinazos tienen rey”. Guerrillas armadas y otras formas de resistencia contrarrevolucionaria en la provincia Antioquia (1813-1830)».


Desde el 2019 trabajó como corrector de estilo y diseñador de diplomados en un instituto politécnico de la ciudad de Medellín. Este mismo año realizó distintas investigaciones personales y publicó varios libros importantes en su carrera y vida profesional.

En el 2020 dictó distintos cursos de historia cultural en la Universidad Popular del Cesar. También este año concluyó el guion, que más tarde adaptó en novela titulado «El último mercader vizcaíno». Se trata de una obra inédita basada en uno de sus personajes favoritos, el vasco José María Zuláibar quien, junto a su familia, sufrió destierro, confiscación de sus bienes y persecución política por el solo hecho de oponerse a la revolución e independencia. 

En el 2021 trabajó como contratista para proyectos de Memoria Histórica con el Ejercito de Colombia. En esta ocasión realizó varias investigaciones y publicaciones para micro-medios, además participó en varios proyectos de libros colectivos como uno de los capítulos del libro «Jaikerazabí: resiliencia de un pueblo ancestral». 

Se retiró del Grupo de Memoria Histórica para ejercer el cargo de funcionario público de carrera el cual cumple hasta la fecha. Es un académico comprometido con su profesión de ahí que alterna su empleo con el rol de escritor prolífico, experto en historia y política internacional y gestor, promotor y divulgador cultural. Por ello, constantemente participa como invitado en distintos programas y canales para debatir sobre temas de su conocimiento y experticia.

Actualmente ha publicado varios libros que son de un valor incalculable para la historia, cultura y gastronomía antioqueña como por ejemplo «De coterráneos a inmigrantes: Presencia y raíces vascas en la Antioquia del siglo XIX», publicado en el 2023 y «La historia del vino en el trópico: el caso de Antioquia», que salió a finales del 2024. 

Además de todo lo anterior, ha escrito numerosos artículos sobre los mencionados temas de su interés y colaborado en varios blogs de historia, revistas y sitios web, entre otros.

 

== Investigaciones ==

• Fundador y director de investigaciones del Centro de Estudios Vascos de Antioquia y de la Fundación Centro de la Cultura Vasca Gure Mendietakoak. (2012-2020).

• Coordinador del proyecto de cooperación Internacional Lur Gorri con la ONG Amets Ederra. País Vasco – Colombia. (2019-2020).

• Coordinador e investigador del proyecto Vascos en la prensa americana con la Universidad del País Vasco -UPV y Acción Exterior Gobierno Vasco. (2008 – 2010).

• Investigador del proyecto Guía de Fuentes Documentales y Bibliográficas sobre la Guerra Civil en el País Vasco con la Universidad del País Vasco -UPV. (2009).

 

== Publicaciones ==

• (2010). Vasco-navarros en Antioquia, 1890 -1970. Una aproximación a la historia de inmigrantes, religiosos y exiliados.

• (2015). Los vascos en Antioquia durante el reinado de los Austrias (1510-1700). Medellín: Fundación Centro Vasco Gure Mendietakoak.

• (2018) Hasta los gallinazos tienen rey”. Guerrillas armadas y otras formas de resistencia contrarrevolucionaria en la provincia Antioquia (1813-1830). Medellín: Instituto para el Desarrollo de Antioquia.

• (2019). Los vascos en Antioquia durante la administración borbónica (1700-1810). Medellín: Fundación Centro Vasco Gure Mendietakoak.

• (2019). La Dimensión Internacional en la Guerra de Independencia de Colombia (1814-1824). Medellín: Fondo Editorial ITM.

• (2021). La historia del pueblo Emberá. En: Jaikerazabi, la resiliencia de un pueblo ancestral. 

• (2023).De coterráneos a inmigrantes: Presencia y raíces vascas en la Antioquia del siglo XIX. 

• (2024). La historia del vino en el trópico: El caso de Antioquia. 

 

== Premios de investigación ==

 • (2010). Premio Andrés de Irujo a la Investigación sobre la presencia vasca en el exterior. Vitoria-Gasteiz, España: Gobierno Vasco en

• (2017). Premio IDEA a la Investigación histórica de Antioquia. Medellín: Instituto para el desarrollo de Antioquia.


== Redes Sociales ==

• Facebook: alejandroricaurtehistoriador
• X: @JohnAle06977018
• YouTube: @alejandroricaurtehistoriad5849



viernes, 7 de octubre de 2022

¿Guerra de liberación nacional o guerra internacional?

¿Guerra de liberación nacional o guerra internacional?

"Las naciones atlánticas del Antiguo Régimen mantuvieron sus derechos coloniales orientados a preservar, perpetuar y ejercer la soberanía sobre sus adscripciones territoriales. Así cualquier injerencia de una o varias potencias extranjeras, la violación sistemática de su espacio marítimo o territorial, el asedio y constante establecimiento de enclaves que propiciaran el comercio ilegal o la invasión de alguno de sus territorios eran tomados como una agresión y por ende derivaba en un conflicto bélico. Sin embargo, ¿Qué sucedería cuando la injerencia de algún país extranjero se efectuara a través de actividades subrepticias con el fin de arrebatar el control del comercio, desestabilizar la soberanía regia y amenazar la integridad territorial?

Esta es la pregunta inicial a partir de la cual se desarrollará este trabajo, que pretende ofrecer una interpretación alterna a las tradicionales tesis propuestas como categorías explicativas sobre los motivos que ocasionaron la Independencia de las distintas comunidades políticas de Hispanoamérica.

En el presente trabajo se considera que tanto la historiografía tradicional como las nuevas corrientes, dejan de lado la dimensión internacional del periodo de Independencia Iberoamericano, puesto que, si bien en ambos se hace mención a acontecimientos internacionales, estos sólo se perciben como hechos parcialmente conexos con la Independencia de la América hispana.

Según el enfoque que se pretende dar en este trabajo la dimensión internacional fue fundamental para el proceso de Independencia de Hispanoamérica, puesto que parte de la base de que una concatenación de sucesos internacionales fue la que erosionó la soberanía ejercida por la Corona de Castilla sobre sus territorios de ultramar durante más de 300 años. De ahí que la perspectiva de “Guerra Internacional” busca aportar una nueva visión que resalta la influencia, apoyo económico, logístico y militar que el proceso de Independencia en Hispanoamérica recibió desde otros lugares del mundo, sin los cuales no hubiera podido llevarse a cabo en las primeras décadas del siglo XIX esta empresa tan grande".

El anterior es un extracto del libro La dimensión internacional en la Guerra de la Independencia de Colombia (1814-1824). Potencias, capitalistas y mercenarios trasatlánticos escrito por el historiador y doctor en Estudios Internacionales John Alejandro Ricaurte Cartagena y que apunta a elaborar una teoría general sobre los factores y actores internacionales que intervinieron en las guerras de Independencia en Hispanoamérica.

A través de este libro Ricaurte busca analizar el proceso de emancipación de Colombia mostrando que el componente internacional fue un factor determinante en la planeación, ejecución y sostenimiento de la Independencia, considerando prioritariamente tres objetivos decisivos:

1. El primero mostrar el papel asumido por las potencias extranjeras en la Guerra de Independencia, para mirar cuáles fueron sus estrategias de planeación, actuación, apoyo logístico y financiero, y así determinar si el objetivo final de aquellas era facilitar la emancipación, ganar mayor influencia comercial y sacar del medio a una rival importante en la carrera por el comercio trasatlántico.

2. El segundo desentrañar el papel jugado por los capitalistas internacionales (banqueros, financistas, casas comerciales y comerciantes particulares), en la facilitación de recursos financieros y logísticos: armas, naves, municiones, pólvora, uniformes, pertrechos y demás equipamiento para la guerra. Igualmente, esclarecer cuáles era sus fines prioritarios: protagonismo en el mercado internacional, apertura hacia el comercio de los puertos atlánticos o hacer negocios y obtener ganancias con la venta de insumos para la guerra.

3. El tercero es determinar la naturaleza e importancia de los grupos mercenarios, su procedencia, composición, número, organización y acciones.

lunes, 1 de noviembre de 2021

Miguel de Aguinaga y la fundación 246 de la villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín

Casa Aguinaga, autor Errekarte

El eibarrés Miguel de Aguinaga y Mendigoitia aparece como el fundador de la villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín, pero antes de conocer este importante suceso es necesario mencionar que al alavés Francisco Montoya y Salazar fue quien inició este proceso de fundación; sin embargo, por alguna razón no culminó esta labor encomendada, lo cual le valió, en agosto de 1672, una multa por valor de 100 patacones.


Montoya, nacido en Berantevilla, Álava, había sido nombrado en el cargo de gobernador de Antioquia desde abril de 1669, razón por la cual se presentó en mayo del citado año en la Casa de Contratación de Sevilla para migrar a Antioquia con el fin de ocupar este cargo. En la provincia el berantevillés se unió en matrimonio con Ana de Castrillón, acaudalada dama que estuvo casada en tres ocasiones, curiosamente dos de ellas con alaveses: el citado gobernador y el minero (de Zaragoza y Remedios) Juan de Menoyo y Angulo.

Según aparece en su testamento, el alavés Montoya pasó a América con un hijo natural llamado Juan Francisco, quien se ordenó en Antioquia como sacerdote. Además, tuvo con su esposa Ana una hija llamada Francisca María Montoya Castrillón. A inicios de 1674 por problemas de salud realizó su respectivo testamento, de ahí que su periodo de gobierno se extendió hasta estas fechas y no le tocó recibir la Real Cédula del 22 de noviembre de 1674, por medio de la cual la reina María de Austria dio su beneplácito para erigir en el valle de Aburra la villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín.

Su sucesor fue el también vasco Miguel de Aguinaga y Mendigoitia y como se ha mencionado fue a quien le correspondió, un año después, ejecutar la orden de fundación de la villa, el 2 de noviembre de 1675. Aguinaga había nacido en 1630 en la villa de Éibar, Guipúzcoa. Era hijo de Miguel de Aguinaga y de María de Mendigoitia, quienes según registros de nacimiento tenían dos hijos más: María Victoria y Juan Bautista. Este último fue “caballero de la Orden de Alcántara, del Consejo de su Majestad, juez oficial de la Real Audiencia y Casa de la Contratación de Indias en la ciudad de Sevilla”.

Placa Aguinaga, autor Errekarte
En mayo de 1674 Miguel de Aguinaga fue nombrado como gobernador de Antioquia, tomando posesión del cargo el 12 de octubre de 1675. Su primera y más importante labor fue el 2 de noviembre la fundación de Medellín: instalación de sus autoridades, organización de la ciudad y elaboración de un censo de todas las personas que habitaban el valle (unas 158 familias, alrededor de 3.500 habitantes).


Cuando instaló el primer cabildo nombró por depositario general al vizcaíno Antonio Atehortúa y Ossa, quien en épocas pasadas había ocupado los cargos de contador y regidor de la ciudad de Santafé de Antioquia. Según Manuel Monsalve, el vasco Atehortúa desistió del cargo alegando estar ocupado en las labores de minas; sin embargo, por información tomada del Consejo de Medellín se puede establecer que cumplió este oficio al menos de manera temporal.

Aguinaga cumplió su periodo de gobierno sin mayores contratiempos ni alteraciones, tanto que el 23 de junio de 1676 el cabildo decía que bajo su mando se respiraban paz y tranquilidad en la provincia. De igual forma se afirmó que el guipuzcoano se mostraba “muy celoso del servicio de Dios y del aumento de la real hacienda”. En 1679 culminó su periodo de gobierno y para 1681 aún se encontraba residenciado en esta ciudad. En fechas posteriores se trasladó a la ciudad de Sevilla, España, donde murió en 1693. Su sucesor fue el cántabro Diego Radillo de Arce, de manera que podemos considerar a Aguinaga como el último gobernador de origen vasco que se recuerde hizo presencia durante el reinado de la dinastía de los Austrias en la provincia de Antioquia.

Autor: Errekarte

miércoles, 11 de agosto de 2021

Año 208 de la Independencia de Antioquia

La fase legislativa antioqueña evidenció la complejidad del cambio cultural, político y jurídico que se estaba viviendo en toda América a partir de la abdicación de Fernando VII. Fue una constitución que tradujo en sus líneas los anhelos de los antioqueños de alcanzar una patria justa, libre y soberana en sus formas económicas y políticas. Fue también a partir de 1813 un quiebre radical con la monarquía española que dio paso a una patria libre en el continente americano. Han pasado ya dos centenos desde la promulgación de este texto constitucional elaborado por los distintos cabildos de Antioquia, doscientos años de una experiencia política única, inédita, excepcional y sin parangón alguno en la historia de esta mancomunidad histórica que asumió sus anhelos de ser un pueblo libre y soberano.


Autor: Jon Erreka

lunes, 10 de agosto de 2020

Antioquia de provincia española a república histórica y soberana

El 11 de agosto de 1813, en el palacio del Supremo Gobierno de Antioquia, un grupo de individuos representantes de la junta de gobierno de esta provincia histórica (con casi 300 años de fundación para la fecha), había declarado la Independencia absoluta de España.
En la rubrica aparecen los nombres del Dictador-presidente Juan del Corral, del Secretario de Guerra y Hacienda José María Hortiz y del Secretario de Gracia y Justicia José Manuel Restrepo. 
Entre sus líneas más importantes se pueden observar los principios, motivos y derechos que han tenido y presentado: 

…para proclamar su independencia absoluta aquellos pueblos hermanos que se han anticipado entre nosotros a sacudir gloriosamente el yugo de la Monarquía española que hasta allí habían sufrido. …Estando pues profundamente convencidos, los unos resueltos y ansiosos por llegar al culmen de su dignidad, y debiendo los otros abandonarse en tal caso a su propia ignominia y a las desgracias que les hayan de seguir, es llegado el día de satisfacer tan santos deseos ya que hasta aquí no han tenido tiempo de hacerlo el Soberano Congreso por todas las Provincias en general, y que esta medida entra oportuna y esencialmente en las críticas circunstancias que han puesto a la República en la necesidad de crearse un libertador a todo trance. Por tanto, el ciudadano Dictador de ella, revestido con ese carácter por la unánime voluntad de la Representación Nacional, en presencia del Soberano Autor de los derechos del hombre y de la justicia de su causa, declara: Que el Estado de Antioquia desconoce por su Rey a Fernando VII, y a toda otra autoridad que no emane inmediatamente del pueblo o sus representantes, rompiendo eternamente la unión política de dependencia con la Metrópoli, y quedando separado para siempre de la Corona y Gobierno de España. […] 

En estas lineas lo importante e interesante son dos cosas: el contexto bajo el cual se obliga a declarar la Independencia absoluta, dado el clima de inestabilidad política y social que se estaba viviendo en todo el mundo hispánico y el acto mismo de declaración de Independencia, como proceso derivado de una etapa constitucional, que inició desde 1811, y en la que esta provincia española se vio así misma como un territorio histórico y por tanto con derechos de constituirse. 
Ambas están relacionadas dado que el rey era el símbolo de la unidad del Imperio, y al caer este en manos de los franceses y abdicar su trono en un usurpador (José I Napoleón), todo el mundo hispánico entró en una profunda crisis de ingobernabilidad. La soberanía que se encontraba expedita se diseminó sobre los pueblos, siguiendo las leyes y tradición hispánica, formando una eclosión de soberanías, tantas como pueblos formaban las Españas de ambos hemisferios. 
Es así como una de las primeras acciones fue la creación de juntas de gobierno, en principio para preservar lo que quedaba del Imperio español y para proteger los derechos a gobernar de Fernando VII, legítimo soberano. Pero en especial, en rechazo al intervencionismo francés y ante una eventual acción de las potencias coloniales, marítimas y mercantiles europeas que tenían intereses territoriales en el hemisferio: la misma Francia, Gran Bretaña, Holanda, Portugal, y otros territorios antagónicos presentes en América como las trece colonias que formaron Estados Unidos y se interesaron en extenderse más allá del Mississippi y el Brasil, haciendo lo propio por fuera de las fronteras limitadas en el Tratado de Tordesillas. 
Vale la pena mencionar que este espíritu juntista fue liderado en otros territorios paralelos como Venezuela y Río de la Plata por sus cabezas de gobierno, es decir, actuaron en representación del resto de las provincias Caracas, como capital de la Capitanía, y Buenos Aires, como capital del virreinato más austral de Suramérica. Entre tanto, en el Virreinato de Nueva Granada, que al igual que el del Río de la Plata había sido de reciente creación, estos procesos se presentaron primero en las provincias más periféricas que en la capital Santa Fe de Bogotá. 
Parafraseando a Clement Thibaud, encontramos que la pérdida de soberanía y descomposición de las autoridades virreinales en Nueva Granada, significaron respuestas locales, disimiles y cambiantes. Esto sucedió a pesar de que la junta de Santa Fe de Bogotá se auto-proclamó superior al resto de sus pares, por haber sido capital política y administrativa, por algunas décadas, durante el régimen colonial, intentando establecer un gobierno de carácter unitario que preveía la representación de las demás provincias. Esto según Anthony McFarlane creó la impresión de que un nuevo gobierno central remplazaría a las autoridades virreinales, sin embargo, la unidad política se vio disminuida por un cumulo de gobiernos que, a partir de allí, decidieron constituirse: Honda, Neiva, Pamplona, Tunja, Santa Marta, Popayán, Cartagena, Socorro, Quibdó, Pore (Casanare), Antioquia y Nóvita, entre otros. 
Cuando estas juntas se radicalizaron, o visto de otro modo, quisieron absorber la soberanía, todas siguiendo el ejemplo de Caracas, que a mediados de 1811 declaró la Independencia absoluta, comenzaron a constituirse en estados soberanos que decidieron cortar los vínculos con la metrópoli española y toda autoridad que emane de esta. Incluso respecto a las mismas cabezas de gobierno que creían tener el derecho de constitución y aspiraban a recuperar su centralidad política, los casos de Mompós, Girón, San Gil, Sogamoso, Vélez y Ambalema. Estos pequeños estados fueron llamados por José Manuel Restrepo las repúblicas "miserables", en el sentido despectivo de "insignificantes". 
Esta lógica de centralizar el poder político y la soberanía del neonata entidad virreinal entró en conflicto con las aspiraciones autonomistas de provincias como Cartagena, Antioquia, Pamplona, Tunja y Neiva, inclinadas más hacia una eventual unión basada en los principios de la pluralidad y federación entre gobiernos libres e iguales, después de todo, este ensayo de modernidad política ya había sido realizado con éxito en el norte del hemisferio por los Estados Unidos. 
Hasta este momento los investigadores han expuesto las diferencias y dificultad de implantar un estado-nación en el territorio neogranadino, llamando despectivamente a este proceso “patria boba”, sin embargo, este fue un periodo de gran lucidez y madurez política, especialmente si somos consecuentes con la naturaleza misma con la que se había configurado el espacio americano. 
Al respecto, Francisco Javier Guerra afirmó que entre las posesiones territoriales que poseía la monarquía hispánica, los americanos eran un caso particular. Esto porque según este autor los reinos peninsulares eran comunidades históricas “indubitables” e “indivisibles”, mientras que en América los reinos eran entidades “inciertas” y aún “fluctuantes”, como es posible advertir con la creación de nuevos virreinatos a partir del único de Perú –Nueva Granada en 1739 y Río de la Plata en 1776–. Por ello, es la ciudad cabeza de provincia y sus adscripciones territoriales donde debemos hallar la comunidad histórica, con lazos socio-culturales propios, con formas particulares de organización, gobierno y legislación, y además, con adscripciones territoriales de considerable extensión que abarcaban ciudades, villas, pueblos, sitios y parajes. 
Estas entidades además habían recibido una serie de privilegios y concesiones otorgadas desde sus inicios por el soberano, ya que, continuando con Guerra, estas eran unidades políticas y jurídicamente reconocidas, que habían recibido una jerarquía de dignidad y de poderes. De manera que lo natural fue que gobierno se estructurara alrededor de las gobernaciones y aún de los ayuntamientos y sus adscripciones territoriales (sus territorios y pueblos dependientes). 
Esto explica mejor la base del denominado localismo o regionalismo americano y el fenómeno de eclosión de soberanías que se presentó en la época de la Independencia. Lo mismo que da razón de los motivos por los que cada territorio y ciudad principal, aún ciudades menores, asumieron su propia soberanía y la de sus distritos, por considerarse entidades autónomas con fundamento histórico. 
De manera que cada ciudad-provincia reaccionó ante la vacante de la soberanía monárquica desde distintas posiciones: declarándose leales al Consejo de Regencia y por tanto al rey español o afirmándose como entes autónomos, libres e independientes. 
En el caso particular de Antioquia, provincia que el 11 de agosto de 1813 se convirtió en un Estado libre y autónomo, al promulgar su Independencia absoluta de la metrópoli española, encontramos que este acto surge como expresión concreta de un proceso histórico, social y cultural: fue un medio, el que tuvieron a su alcance, para organizar la comunidad política, estableciendo los deberes y derechos de los hombres libres a conformar nuevos pactos y un nuevo Estado.
 

Elaborado a partir de: John Alejandro Ricaurte, “Hasta los gallinazos tienen rey”. Guerrillas armadas y otras formas de resistencia contrarrevolucionaria en la provincia Antioquia (1813-1830), IDEA, Medellín, 2018.

miércoles, 5 de agosto de 2020

Conferencia: Los indios realistas en la provincia española de Antioquia.

lunes, 20 de julio de 2020

20 de julio “el grito de la interdependencia”

Las historias patrias son fábricas donde se incuban y expanden doctrinas e ideas (mejor ideologías), que actúan como legitimadoras y propaganda de las empresas generadas por uno de los bandos en conflicto, en este caso el de los vencedores. Como toda visión parcial, además de sacrificar una parte de la verdad (la del bando contrario), sólo es sostenible, en sus primeros años por, además de una brutal represión (la eliminación física o expulsión del contrario), una pedagogía estatal, neonata y artificial que se convierte en el discurso hegemónico, y que requiere de un acto fundacional la “constitución”, unos mitos “superar un pasado de aflicción, decadencia y opresión, y alcanzar la libertad, paz y prosperidad” y una simbología nacional: banderas, iconos, himnos y culto a los héroes.

Así que no está mal aflorar los sentimientos vivos, febriles y perpetuos hacia la patria, después de todo, estos sentires y pasiones son inseparables de la condición humana, pese a que hoy nos llegan de manera deformada, pues tomando el concepto desde sus orígenes más puros, elevados y nobles, encontramos que “patria” proviene de pater familias, que es quien, entre otras cosas, ejerce la patria potestas, y de donde se derivan otros términos como los de patriarca, patrón, patrocinio o patriota.

También es un desacierto valerse de estos sentimientos inalienables, elevados y nobles, naturales a todos los hijos agradecidos del lar paterno y terruño: la “patria chica”, para, de manera artificiosa, vender un relato parcial y contrapuesto a la realidad.

De manera que, ante el sacrificio la de la verdad, es también obligación prevenir y desmitificar esas mentiras colectivas, llamadas “historias patrias”, construidas para justificar el accionar de un grupo que se abrogó el derecho a poseer la verdad. Me fuerzan a ello, las opiniones contradictorias que cada 20 de julio se producen sobre un “grito de Independencia” que nunca existió, al menos en esta fecha, y que los investigadores poco han hecho por esclarecerlo.

La Independencia, tal como la conocemos hoy, se fragua en ciudades de otras latitudes, entre las que podemos mencionar: Londres, Jamaica, Ámsterdam, París, Bruselas, Hannover, Nueva Orleans y Baltimore. Con estos centros de poder los criollos generaron una relación de interdependencia, mediada por intereses como el comercio y la explotación de recursos a gran escala. Esta relación, es por la que precisamente no se les puede considerar, a estos criollos, prohombres o patriotas, pues actuaron de forma contraria y dejaron expuesto el lar paterno a los intereses del invasor extranjero.

Desde los mencionados centros de poder se aprovechó el proceso de deterioro de la soberanía de la monarquía Borbón en Suramérica, que se produjo en 1808 cuando los franceses, que habían invadido la Península, obligaron a abdicar a esta casa dinástica en el usurpador y extranjero José Bonaparte.

Se crearon entonces en la Península órganos de gobierno "juntas autonómicas" con el objetivo de resistir el embate de los invasores franceses, expulsarlos, mantener y posteriormente restaurar los poderes y soberanía de la corona. Algunas de ellas, como la Junta Central Superior, establecida primero en Aranjuez y después en Sevilla, se abrogaron el derecho a ser cabezas del gobierno expedito.

Cuando estas noticias llegan a América, las provincias reaccionan de la misma forma, formando Juntas autonómicas, representantes de los derechos a gobernar de la casa Borbón, y se llamaban así porque reasumían los poderes del gobierno, no por perseguir una atomización de autonomías. De manera que en Santa Fe y en el resto de las provincias suramericanas reaccionaron de la misma manera que las españolas frente a la ocupación francesa: en defensa de sus intereses, contra las potencias extranjeras y como garantistas de la soberanía de Fernando VII. No fue, de ninguna manera, un grito de Independencia, ni menos una sublevación contra la monarquía.

Tomando un fragmento del libro Ricaurte, J. (2019). “Hasta los gallinazos tienen rey". Guerrillas armadas y otras formas de resistencia contrarevolucionaria en la provincia de Antioquia (1813-1830). Medellín, Colombia: IDEA. encontramos lo siguiente en referencia a la forma en que fue tomada en las provincias americanas la invasión de Napoleón a España.

“La llegada de estas noticias al continente americano causó más desconcierto, confirmó la convicción de que la “patria estaba perdida” , y provocó el segundo movimiento juntero, ante una nueva situación de deslegitimidad de las autoridades nombradas o confirmadas por la Central y la necesidad de asegurar la independencia y supervivencia del territorio ante eventuales amenazas exteriores. Sin embargo, a partir de aquí –primavera – verano de 1810 – la situación política evolucionó de manera diferente según los territorios. Mientras en la ciudad de México y en Lima, al amparo de su situación menos vulnerable a un posible ataque exterior y con un predominio claro de los peninsulares entre sus élites, el poder virreinal se mantuvo intacto, en el resto de los territorios se produjo una fuerte división. En las capitales principales, las élites criollas, a partir de la doctrina de la reversión de la soberanía a los pueblos –propia de la tradición histórico-jurídica hispánica– y mediante la convocatoria de cabildos abiertos, desplazaron a las autoridades españolas y constituyeron juntas autónomas de gobierno en nombre de Fernando VII que convocaron a las provincias a un congreso nacional, es decir, actuaron exactamente igual que la Junta de Regencia, a la que rechazaron por haberse establecido sin su consentimiento. Como afirma Guerra, las juntas no se constituyeron “por oposición al régimen monárquico sino, ante todo, en relación con el vacío de poder provocado por la desaparición del rey, y luego, de la Junta Central”. O, como lo afirma Clement Thibaud, “…estas primeras juntas dieron muestra de una lealtad monárquica ejemplar. En 1810, la cuestión no era la búsqueda de la independencia, sino la autonomía y el autogobierno, aspiraciones fuertes y violentas que por fin se alcanzaban”.

Entre las ciudades que proclamaron juntas autonómicas en América en 1810 están, según su orden cronológico: Caracas (19 de abril), Cartagena (22 de mayo) y Buenos Aires (25 de mayo); Santiago de Cali (3 de julio), Santafé de Bogotá (20 de julio) y Santiago de Chile (18 de septiembre). Pero algunas capitales provinciales –Coro y Maracaibo en Venezuela; Santa Marta y Popayán en Nueva Granada; Guayaquil, Concepción, Córdoba del Tucumán, Montevideo, etc. – no aceptaron la llamada de aquellas juntas y reconocieron a la Regencia. Esta, por su parte, declaró en rebeldía a las primeras y decidió apoyar militarmente a las que permanecieron fieles, un apoyo que en realidad se limitó al enviado desde el Caribe a la costa venezolana. A lo largo de 1810 y 1811, aquellas juntas autónomas, por el propio impulso de la decisión inicial, unido a la reacción de la Regencia y –como decía la junta de Caracas en abril de 1811–, ante la necesidad de asegurar su supervivencia y el control del territorio, declararon la separación de España y, por tanto, las primeras independencias, aunque algunas todavía reconociendo a Fernando VII “siempre que venga a reinar entre nosotros”, como decía la de Santa Fe de Bogotá”.

Después de estos sucesos el proceso de crisis política y social toma un giro inesperado, el más radical alimentado siempre por las potencias extranjeras que querían tener un mayor protagonismo sobre el territorio. Al final los americanos pasamos de ser unos territorios autónomos y con una economía cuyo epicentro internacional era nuestro Caribe español a unos territorios periféricos, sitios de extracción de recursos e interdependientes con el capital financiero internacional. Como se indica en el libro Ricaurte, J. (2019). La dimensión internacional en la Guerra de la Independencia de Colombia (1814-1824). Potencias, capitalistas y mercenarios trasatlánticos. Medellín: Fondo Editorial ITM. 

"Es bajo este marco que se presentan las primeras deudas internacionales contraídas por la unión colombiana con las casas comerciales, bancos y sociedades de negocios capaces de movilizar grandes capitales y recursos para la guerra, pero también se contrajeron obligaciones con algunos individuos entre inversores, comerciantes y negociante, quienes igualmente aportaron grandes caudales.

La incursión en la dinámica de endeudamiento, que tiene sus orígenes en la crisis fiscal que devino a raíz del desgaste económico que sufrieron las ex-provincias españolas a causa de las guerras de emancipación, fue la que supeditó a las nacientes naciones al capital internacional. Si bien las independencias actuaron como un factor liberalizador, por cuanto fueron capaces de trasformar el sistema político y fiscal derivado del antiguo régimen, también se convirtieron en un medio de precarización económica e interdependencia hacia el capital privado internacional.

Pero los únicos beneficiados no fueron los capitalistas, sino que también resultaron favorecidos los intereses de las potencias internacionales, ya que lograron sacar al Imperio Español del escenario internacional y consolidaron su dominio sobre el Eje Atlántico, por lo que es posible que esta maniobra se hubiera llevado a cabo en una acción combinada entre el capital internacional y los estados o potencias mundiales".

Autor: John Ricaurte
La Historia Oculta de Antioquia